Predecir lo impredecible - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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Predecir lo impredecible

Etapa Electónica 2
Predecir lo impredecible
Por: Magdala
 
Intentando predecir el tiempo, un tal Dr. Merryweather presentó, durante la Exposición Universal de 1851, celebrada en el Palacio de Cristal de Londres, su «Indicador de tempestades», invento que consistía en que -al menos una de las doce sanguijuelas introducidas en botellas de agua hacía sonar una campana cuando se aproximaba la tempestad-. Él creía que las sanguijuelas subirían a la superficie, donde se encontraban las campanas, al acercarse la tormenta. El inventor sugirió al gobierno la instalación de este tipo de «aparatos» a lo largo de la costa, pero su oferta fue rechazada y el invento quedó en el olvido.
 
Los trabajos de Merryweather se inscriben en la dilatada tradición europea de predicciones del tiempo mediante la observación del comportamiento de los animales, las plantas y otros fenómenos naturales. Uno de los primeros estudios sobre el tema fue la Meteorología de Aristóteles, escrito en el siglo IV a.e.c, donde se debatía el significado de fenómenos como el arco iris.
 
En Europa abundaban los conocimientos meteorológicos; ciencias tradicionales cristalizadas en proverbios y refranes. Muchas de estas creencias se basaban en la observación empírica y siguen siendo válidas en la actuali-dad. La fase y la posición de la luna parecían tener un significado especial «Luna que sale colorada, próxima ventada». Gran parte de dichos populares relacionados con la luna siguieron usándose durante mucho tiempo después de que los científicos descubrieran que la luna no influía en las condiciones atmosféricas.
 
Los profetas del tiempo más respetados eran quienes vivían a merced de los elementos; de tal suerte que los marineros y los pastores tenían fama de ser los mejores. Uno de los primeros textos de predicción meteorológica se publicó en Inglaterra en 1670 bajo el título de El legado del pastor. Sus ejemplos se basan en el estudio de los vientos, las nubes y las nieblas, que ya formaba parte de la tradición. Muchas de las observaciones contenidas en este texto siguen siendo muy populares en la actualidad: «Sol muy rojo, agua en el ojo», «Tormenta por la mañana no quita pan ni jornada» (refrán español).
 
Algunas de sus conclusiones eran incorrectas, pero los meteorólogos modernos atribuyen a estos textos el mérito de identificar algunos de los principios básicos de la meteorología, como la tendencia de un fenómeno a durar varios días una vez que ocurre. Ciertas investigaciones realizadas en la década de 1920 revelaron que en siete de cada diez ocasiones el sol rojo traía lluvia.
 
El comportamiento de los animales y las plantas resulta también muy útil para la predicción del tiempo. La pimpinela escarlata era el barómetro del labrador en muchas zonas, porque reaccionaba rápidamente a los cambios atmosféricos. Cuando las flores abren sus pétalos es indicio de buen tiempo y ante la llegada de la lluvia, reaccionan a la humedad cerrando los pétalos a fin de mantener el polen seco.
 
Se ha escrito mucho al respecto, pero la realidad es que los proverbios y refranes indican que la sabiduría popular ya había definido con bastante exactitud los cambios en la presión atmosférica, mucho antes de que los científicos comprendieran sus causas.

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