Meses de Pesares y Glorias P VI - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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Meses de Pesares y Glorias P VI

Condensados

(Sexta parte)
JUNIO DE 1945

      


Por: Albert Djemal y Jacobo Contente

Una vez que se firma la rendición del ejército alemán, los aliados mediante un consejo de control, asumen el gobierno de Alemania. El 14 de este mes, es arrestado en Hamburgo Joashim Von Ribbentrop, quien fue nombrado por Hitler Ministro de Relaciones Exteriores y quien firmara el Pacto de Acero con Italia y el de no agresión con Rusia.
Ribbentrop le había dicho a Hitler que si atacaba a Polonia, Inglaterra intervendría, pero no lo bastante rápido para ayudar a los polacos. Después, durante la guerra, poco se le tomó en cuenta y al ser arrestado, se le juzgó en Nüremberg como criminal de guerra y murió poco después en la horca.
Mientras tanto en el frente del Pacífico los australianos desembarcan en la Bahía de Brunei, al oeste de Borneo. Soldados ingleses e indios invaden Tailandia desde Birmania. Por su parte el primer ejército norteamericano termina la captura de Okinawa y oficialmente se termina la campaña de Luzón, declarándose segura la zona de Mindanao.


Todo apuntaba a otra victoria aliada sobre Japón, pero pasarían todavía algo más de dos meses para que el tercero y último aliado militar de los nazis fuera derrotado. Contrastando la actividad bélica y reacomodo de fuerzas militares, en la ciudad de San Francisco (26 de junio/45) representantes de cincuenta naciones aliadas firmaban la Carta de las Naciones Unidas, tratando de preparar al mundo política y diplomáticamente para los tiempos de la postguerra.
Para junio de 1945 el culpable del asesinato de seis millones de judíos y la desaparición de decenas de millones de seres humanos, de todas las creencias y nacionalidades, ya había muerto. Sin duda alguna Hitler, el anarquista, el vagabundo y pintor de brocha gorda, que llegó mediante una rápida y brusca carrera política al poder, amén de un lamentable error del presidente Wilson -quien no tuvo el tacto y visión suficiente, al dejar a un lado al alto mando alemán en el armisticio de la primera guerra mundial; acción que ayudaría en el futuro a Hitler y a otros derechistas, para señalar al Tratado de Versalles como la causa de todos sus males y culpar a todo oponente democrático-, ese canciller que se convirtió en Führer en 1934, había marcado con sangre, para siempre y como nunca, las más vergonzantes páginas de la historia de la humanidad.
El mundo civilizado hasta hoy en día, no alcanza a comprender el por qué se permitió la ascensión de un hombre y un reducido grupo de truhanes y asesinos, a uno de los más grandes y nefastos poderes que se hayan practicado; un hombre quien acuñara la palabra nazi (abreviatura del nombre del partido Nacional Socialista) y una cruz gamada o swástica, como símbolos de fortaleza y virtudes nacionales que llegaron a ser -junto con su persona- idolatrados por la gran mayoría de las personas de una nación considerada, entre las más cultas y civilizadas del mundo.
Adolf Hitler nace el 22 de abril de 1889 en Braunau-Sur-Inn, pequeño pueblecito de Austria cercano a la frontera alemana. Hijo de Alois Hitler y Klara Poelz (tercera esposa y sobrina; 23 años más joven que él). El padre era funcionario de aduanas y contrariamente a lo que la propaganda nazi trató de hacer creer, no fue un matrimonio pobre, por lo que Adolf creció en un hogar económicamente seguro y mimado por su madre y su media hermana Ángela.
Acerca de su origen, se habían creado algunas leyendas como la divulgada por el periódico inglés "Daily Mirror", que aseguraba que el abuelo del dictador había sido judío, pues se había encontrado una tumba en Bucarest con el nombre Adolf Hitler (1832-1892); pasando por alto que el judío de Bucarest, era tan sólo 5 años mayor que el padre del Führer.
Otra mentira aclarada plenamente por sus biógrafos e historiadores, atribuía el origen judío de Alois (padre de Adolf) pues su madre María Anna Schicklgruber trabajó como cocinera en Graz (región de la baja Austria) en una casa de un judío de apellido Frankenberger, quien supuestamente la embarazó, lo que haría del verdugo más cruel que ha tenido el pueblo judío, un judío a la cuarta parte.
En las investigaciones realizadas no se pudo encontrar a un solo residente judío en esa población, desde fines del siglo XV hasta cien años después de la fecha supuestamente señalada del embarazo (1836). La abuela de Hitler tuvo a Alois fuera de matrimonio a la edad de 42 años y registró como padre a Johann Nepomuk Heuttler, quien después de cinco años registró al hijo ilegítimo en una parroquia, anotándose por error "Hitler" en vez de "Heuttler". Este último apellido, junto con los de Hiedler o Heutler, tienen su origen en una área paupérrima de Waldviertel y son de origen checo y no tienen ninguna relación con el apellido Hitler o Heitler de algunas familias de origen judío.
El futuro líder nazi, pasa su infancia en Linz y hasta los 10 años es considerado un buen alumno, resultando mediocre en el bachillerato. Para ese entonces ya mostraba su testarudez, irritabilidad, su pereza y rebeldía al menor reproche. Con los años y en vísperas de la primera guerra, Hitler ofrecía el aspecto de un fracasado total, pero emigra a Alemania (su nueva patria) donde se descubre a sí mismo en el ejército, habiendo sido condecorado con la Cruz de Hierro.
Miembro desde 1919 del Partido Obrero Alemán, convertido en 1920 en Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes, Hitler no tarda en ponerse a la cabeza e intenta un golpe de estado en Münich (1923) junto con sus compañeros de partido. Fue aprehendido y condenado a cinco años de prisión, donde escribió ayudado por su amigo Rudolf Hess -entre 1924 y 1925- su famoso libro Mein Kampf (Mi Lucha), en el que expuso detalladamente los principios de su política antisemita, anti bolchevique y de expansión mundial.
Después del fracaso del golpe de estado, parecería que Hitler jamás entraría en la historia, pero lo de Münich sólo fue el principio, pues en el transcurso de diez años, el ex-cabo nacido en Austria llegó a ocupar el cargo de canciller de Alemania por elección democrática, lo que no había logrado por la fuerza.
Aquel joven escolar arrogante y de mal genio, que imaginaba ser jefe y exigía a sus compañeros obediencia incondicional, había sabido aprovechar en la edad adulta los desajustes sociales y momentos que le brindaba la historia, eliminando una oposición interna y cobrando "las humillaciones impuestas a los alemanes en Versalles", mediante intrigas, continuos viajes de campaña y discursos que le dieron popularidad por su tono creciente de histeria, su acento austríaco, la sencillez de su atuendo y la cruz de hierro que lo hacía ver como patriota.
El 30 de enero de 1933, Hitler con una última reverencia de legalidad y respeto al anciano mariscal Hinderburg (Presidente de la República) despedía a la nueva Alemania que tenía en mente, de su pasado que le pesaba para sus propósitos, así como también despedía sus acostumbrados zapatos de charol y camisas de pechera almidonada, por las botas militares y las camisas pardas.
La propaganda, basada sobre la impostura y la alteración de la verdad, fue una de las armas más poderosas que inventó Hitler con la ayuda de su ministro Goebels. Pero la mentira más garrafal de Hitler, fue sin duda su declaración de 1932, que equivalía a una promesa solemne: "El primer punto y el mejor de mi propaganda de gobierno, consiste en no mentir ni ocultar a mi pueblo la verdad"... sus ambiciones y sus sueños de conquista provocaron el estallido de la segunda guerra mundial en 1939, la mayor carnicería conocida por el hombre hasta nuestros días y que tuvo como consecuencia: Destrucción, lágrimas, sangre y muerte de millones de seres humanos de casi todos los países del mundo.
Sería imposible para los que suscriben, que en este ensayo compartido, tratáramos todos los aspectos de su terrífica y deplorable actuación al frente del poder. Un poder de tales características, que resulta una misma historia la del hombre y toda una nación; del mismo modo que el Partido Nacional Socialista y el Estado Alemán, se convierten en una y la misma cosa. Además nos apartaríamos de nuestro objetivo preliminar, que consiste en recordar en este aniversario, algunos aspectos desmistificadores de un satán, que paradójicamente algunos jóvenes desinformados y en varios países -que otrora se aliaron en contra de su fuerza e influencia- tratan hoy irresponsablemente de continuar con ideas xenófobas y leyendas prefabricadas en pos de una raza superior.
Casi todos los aspectos de la personalidad y biografía de Hitler, han sido estudiados por historiadores y sociólogos, entre ellos el distinguido historiador polaco Wulf Schwarzwaller, quien ha escrito varios libros sobre el tema, siendo uno de ellos "El Hitler Desconocido" (el lector lo puede adquirir traducido al español, en Editorial Diana) y quien además fue editor en jefe del Reader's Digest de Alemania, obra e investigaciones que ya se han traducido a seis idiomas.
Por lo mismo y dada la abundancia de datos, tan sólo pretenderemos hacer una especie de índice, resumiendo parte de la obra de Schwarzwaller, referente a la personalidad de Hitler, que confirma que desde joven -debido a su delirio de grandeza- se esforzaba por llevar una vida lujosa con el menor esfuerzo, bajo el pretexto de ser un artista, aunque distaba mucho de serlo. Durante los años de lucha por el poder, agotó sin escrúpulos la tesorería de su partido y las fortunas de sus ricos patrocinadores, para lograr un estilo de vida "de acuerdo con su rango".
Los estudios demuestran que fue también un sibarita (dado a los placeres y deleites) y un pervertido; extraordinario evasor de impuestos, que utilizó las técnicas más heterodoxas para vaciar grandes sumas de dinero en sus cuentas personales, por lo que independientemente a sus demás excesos criminales, poseía el vicio de la corrupción y el de la explotación más despiadada, incluso hacia sus más cercanos colaboradores.
El autor analiza el fenómeno de su transformación de un agitadorcillo a un experto orador y señala que fue producto de su participación en la Sociedad de Tule, una secta involucrada en rituales de magia negra y satanismo. La meta primordial de esa sociedad -agrega el autor- era vigilar la creación de una nueva raza de "superhombres", los arios, que finalmente exterminarían a las demás razas inferiores.
Todas estas "cualidades" y muchas otras más, como la de su obsesión de poseer a toda costa las obras de arte que rastreaban sus expertos (Hitler acumuló cerca de 10,000 pinturas de arte, con un valor estimado de un billón de marcos) rompen el mito acerca de la pobreza personal y su cacareada modestia, pues se sabe que murió inmensamente rico, al igual que muchos de sus cercanos colaboradores como Herman Göering.
Al final de la guerra Hitler desapareció sin dejar rastro alguno. En aquel tiempo no hubo prueba fehaciente de su muerte. Y sin pruebas Hitler no podía morir oficialmente antes de 1957, según la ley alemana.
Los rumores empezaron a circular. Unos aseguraban que Hitler se refugió en España amparado por su amigo el dictador Francisco Franco; otros que vivía en Tibet y algunos decían que en Argentina o Suecia. Hasta su piloto personal, Peter Baumgart llegó a afirmar que el dictador había huido de Berlín en llamas para aterrizar en Magdelbourg, y que había llegado a un acuerdo con los rusos para colaborar con ellos y reorganizar al ejército alemán con ayuda del mariscal Paulus.
Pero contra aquel testimonio existía el de Erick Kempka, antiguo chofer de Hitler, que aseguraba: "Diez días después de su matrimonio, Hitler y Eva Braun se suicidaron. Yo quemé sus cuerpos con gasolina, tal y como me habían ordenado". Entre estos dos testimonios y centenares más, sólo reinó la confusión.
Con esa paciencia infinita, característica de todo magistrado, el juez Stephanus comenzó sus investigaciones, porque desde el fin de la guerra la alcaldía de Berchtesgaden, le pidió que abriera una demanda de investigación con respecto a su vecino Adolf Hitler, domiciliado oficialmente en Berghof, Bavaria y dado por desaparecido en Berlín en 1945.
La demanda se transformó rápidamente en un expediente interminable con centenares de testimonios y contradicciones, que se enriquecería también, por los reportes de los servicios de inteligencia ingleses, franceses y norteamericanos.
La terrible investigación, larga y lenta, iba a durar 9 años. Finalmente el 16 de octubre de 1954, en las bodegas de un monasterio franciscano convertido en tribunal provincial de Berchtesgaden, el juez Henrich Stephanus, tras una sesión a puerta cerrada, cerró el expediente pronunciando únicamente estas tres palabras: "Hitler ha muerto".

De ese modo el jefe del tercer Reich, el temible Reichführer Adolf Hitler, amo de toda Europa y quien soñó en dominar al mundo con su Reich de mil años, se encuentra desde entonces consignado en los estrechos límites de un estado civil: "Hitler, Adolf. Nacido 2l 22 de abril de 1889 en Braunau-Sur-Inn, Austria. Casado el 20 de abril de 1945 con Eva Braun. Muerto el 30 de abril de 1945 en Berlín. Sin hijos conocidos".

 Para concluir, permítasenos agregar a manera de epitafio, lo siguiente:
"Que Dios tenga piedad de su alma, ya que mucha falta le hace…
¿Pero tendrá Dios tal cantidad de piedad posible?

Continuará…

      





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