Meses de Pesares y Glorias P V*s - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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Meses de Pesares y Glorias P V*s

Condensados

Fragmento
del Requiem
por Babi Yar

(Quinta parte)

      


Por: Jacobo Contente

MAYO DE 1945

El día 8 de este mes llega la esperada victoria en Europa. Hitler estaba muerto, los rusos tenían Berlín en su poder y en Italia todas las fuerzas alemanas se habían rendido.
Desde principios de este memorable mes, en el mundo entero se sabía que la conflagración en el frente europeo duraría ya muy poco tiempo. Sin embargo el sucesor del dictador alemán, Karl Dönitz, había anunciado que estaba decidido a posponer la rendición final el mayor tiempo posible.
En un mensaje radial (1 ° de mayo) Dönitz solemnemente anunció al pueblo alemán lo siguiente: "Mi deber primordial es salvar a Alemania de la destrucción por el enemigo bolchevique que avanza. Tal es la única razón de que prosiga la lucha militar".


Antes de su intervención habían transmitido la Séptima Sinfonía de Brücker como sombrío fondo al anuncio de que Hitler había muerto el día anterior. Sin embargo él ocultó el hecho de que el Führer se había quitado la vida y afirmó vagamente que había "muerto como un héroe" en Berlín.
A partir del anuncio de Dönitz, la rendición formal de los ejércitos alemanes se repetiría en varios lugares, siendo una de las primeras la que tuvo lugar en una tienda de campaña del cuartel general del Mariscal Montgomery, en el yermo de Luneburgo, cerca de Hamburgo (4 de mayo).
Las ciudades y las personas se liberaban día con día, pero también el arte; tal como había ocurrido a principios del mes de abril, cuando soldados que comandaba el General Patton descubrieron un tesoro en las profundidades de una mina de potasio en Merkers, cerca de Mühlhausen, en Turingia. Hallaron una colección de obras de arte y oro, valuada en 315 millones de dólares.
Este descubrimiento que conmocionó al mundo, era producto del saqueo sistemático de obras de arte y metal precioso de todos los países ocupados. Los tesoros artísticos a la postre fueron devueltos a sus dueños, no sucediendo lo mismo con el oro, que en parte, quedó en poder de una comisión internacional, que sigue reteniendo hasta la fecha una buena cantidad del metal.


Sobre este tipo de botín de guerra, se sabe que las tropas norteamericanas dieron con un depósito de oro oculto en los cerros aledaños a Mittenwald, en Baviera. Al parecer fueron las últimas reservas del Reich, sacadas de Berlín por la S.S. pero ese oro nunca llegó al tesoro de Estados Unidos y se cree que funcionarios militares norteamericanos se quedaron con él, por lo que se estima que ha sido el robo más grande de la historia.
Por más que Dönitz trató de aplazar la rendición incondicional, tuvo que iniciar las negociaciones con el comandante supremo, General Dwight D. Eisenhower, quien se cuidó de tener a los representantes oficiales convenientes, para evitar la posibilidad de ser acusado de firmar una paz separada con Alemania.
Los representantes alemanes ofrecieron su rendición en dos etapas; todas las operaciones cesarían al comenzar la primera, pero los soldados alemanes conservarían su libertad de movimiento para poder escapar de los rusos. En la segunda etapa, los alemanes ya no se podrían mover a su arbitrio. Eisenhower les concedió únicamente 48 horas de libertad de movimiento y a las 2:41 del 7 de mayo, Jodl (representante de Dönitz) firmó la rendición incondicional, que entraría en vigor un minuto después de la media noche -hora alemana- del día 9 de mayo.
Al haberse enterado de los acuerdos y la firma de rendición incondicional del enemigo, Churchill y Harry S. Truman (nuevo presidente de los Estados Unidos) decidieron que el día siguiente, 8 de mayo, sería el día de la victoria en Europa, fecha que también fue aceptada por Stalin para celebrar la victoria con una ceremonia que se realizaría en la misma ciudad de Berlín.
Como se comentó en la pasada edición, cuando tratamos sobre el ejército rojo y Stalin, el pavor que tenían los alemanes de caer prisioneros en manos rusas, por temor a la venganza por las atrocidades cometidas por ellos en suelo ruso, se confirmaría la misma noche del 8 de mayo, pues cerca de dos millones de soldados alemanes -55% aprox. de los efectivos del frente oriental- habían pasado al sector occidental.
En general, se aceptaron todas las rendiciones y sólo los criminales de guerra reconocidos de la División Totenkopf (cabeza de la muerte) de la S.S. fueron entregados a los rusos. Muy pocos de estos regresaron a sus hogares.






El gran almirante alemán Dönitz quien sucediera al más nefasto dictador del presente siglo, sólo duró en el gobierno tres semanas, periodo suficiente para que el mundo en diversas latitudes se preparara para las grandes celebraciones del maravilloso triunfo de la humanidad sobre el nazismo, que por 60 meses puso en peligro los valores, espíritu libertario y democracia de una cultura occidental, que por razones de su propia naturaleza no había aprendido de los grandes errores cometidos a lo largo de su historia.
Uno de los grandes arquitectos de la victoria que se festejaba, comentó desde Londres a su pueblo: "Los malvados están postrados a nuestros pies. Rebosamos de gratitud hacia nuestros magníficos aliados, en nombre de esta isla y de todo el imperio británico". (W. Churchill).
El esperado día de la victoria amaneció nublado y lloviznando. Aun así, las calles de Londres se llenaron de gente que cantaba, bailaba y bebía. Luego salió el sol y esa noche por primera vez desde el comienzo de la guerra, se encendió el alumbrado público de todo el país.
En París, la Haya y otras poblaciones recién liberadas se vivieron escenas semejantes. En Moscú los trofeos de guerra, como banderas y estandartes nazis, fueron puestos a los pies de los dirigentes en la Plaza Roja. En Nueva York llovían cintas de colores, los edificios se vaciaron y las calles también se llenaron de personas. En Halifax, Canadá, la fiesta degeneró en tumulto y miles de marinos y malhechores borrachos, escandalizaron y saquearon tiendas y joyerías.
No obstante el regocijo, muchos combatientes y dirigentes aliados veían incierto el futuro, pues sabían que se podían permitir un merecido descanso y regocijo, pero recordaban que la tarea estaba inconclusa, pues todavía se habría que derrotar oficialmente a un Japón, ciertamente replegado en sus fuerzas en el Pacífico, pero cuya rendición oficial costaría aún una gran cantidad de vidas, sufrimientos y grandes recursos materiales.

Continuará...

      







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