Meses de Pesares y Glorias P II - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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Meses de Pesares y Glorias P II

Condensados

(Segunda parte)


Por: Jacobo Contente

      

FEBRERO DE 1945

En el transcurso de este mes y en los venideros, se observan varias declaraciones de guerra contra las naciones del eje. Generalmente uno piensa que al entrar Estados Unidos al conflicto, los países latinoamericanos debieron alinearse al coloso de norteamérica. Pero no fue así, ya que Ecuador, por ejemplo, hasta el 2 de febrero/45 lo hizo; también permanecían al margen naciones como: Paraguay, Perú, Venezuela, Uruguay o Chile, esta última hizo la declaración de guerra contra Japón en los últimos meses del conflicto.

Pero no sólo países latinoamericanos tuvieron esa conducta, ya que por diversos motivos otros países hicieron el inicio del '45 movimientos políticos y diplomáticos, pues el balance de la guerra propiciaba una postura más definida, sobre todo por los resultados obtenidos en la Conferencia de Yalta (segunda cumbre de los tres grandes) en donde se discutieron las proyecciones políticas y las influencias que tendrían algunos países en la segunda mitad del Siglo XX. Entre los países que también cambiaron su postura, encontramos a: Turquía, Egipto, Siria, Líbano y Arabia Saudita.
El 3 de febrero en Manila, Filipinas, comienza una batalla que duraría todo un mes y cuyos resultados favorables a los aliados (en su mayoría norteamericanos y filipinos), permitirían cumplir al General Mac Arthur la promesa que había hecho de regresar. Con mayor libertad y ventaja estratégica, el contorno de la guerra en el Pacífico también se estaba ya definiendo. Mientras tanto la población de Ramree, Birmania, caía en manos de los ingleses y el Bolsón de Colmar, fue eliminado por los franceses. También en el escenario europeo vemos por estas fechas que se firma el armisticio entre el gobierno griego y la guerrilla comunista y el ejército rojo ocupa la ciudad de Budapest.
Las bombas siguen cayendo por doquier: la RAF (Real Fuerza Aérea inglesa) y la de los Estados Unidos, desatan una tormenta de fuego en Dresden; los "marines" norteamericanos, después de 72 días de bombardeo, desembarcan en Iwo Jima y se lanzan bombas incendiarias sobre la capital del sol naciente (Tokio). Estas y otras acciones, como el ataque a las rutas de transporte alemanas, acelerarían pocos meses más tarde, la rendición incondicional de una combinación de regímenes militares y fascistas que habían iniciado un prolongado baño de sangre, que abarcó mayormente a civiles de todas las etnias, estratos sociales y latitudes.

Esta conflagración mundial, aunque oficialmente se inició en 1939, tuvo su gestación desde los inicios de ese decenio, debido en gran parte a resentimientos, desequilibrios económicos y sueños de grandeza de varios dictadores, que hicieron marchitar cualquier función política y de pacificación que se le había otorgado a la Liga de las Naciones. Entre las primeras naciones que simpatizaron con las nuevas banderas de militarismo y fascismo, fue Italia, cuya población ya había probado una fuerte depresión económica de posguerra y cuyos gobiernos eran atacados por anarquistas, socialistas y comunistas.



En ese desorden social y económico en que se debatía la Italia de Emmanuel III, surge un nuevo hombre oportunista cuya elocuencia logra entusiasmar y convencer a varios núcleos de la población, quienes formarían un partido fascista que tomó como emblema (un fajo de varillas alrededor de una hacha) que había sido símbolo de autoridad en la Roma de los césares y cuyo rápido crecimiento político, se debió a las promesas de un líder que había vivido parte de su juventud en Suiza (1901-04) y de donde fue expulsado por haberse entregado a difundir las ideas socialistas. Dichas promesas consistían en terminar con el desempleo y el aumento en los precios. Dadas las circunstancias y deterioro político y económico que se vivía en Italia, amén de los desórdenes que Benito Mussolini (Il Duce-El líder) efectuaba, él mismo llegó a sorprenderse cuando el Rey, temiendo una guerra civil y la implantación de la ley marcial, le pide que forme un nuevo gobierno, pues preferían (la aristocracia y los industriales), un fascismo en lugar de un comunismo.
Al igual que el comunismo, el fascismo se basa en el poder y primacía del estado sobre el individuo. Por ello, todo individuo debe trabajar para el perfeccionamiento del estado. Mussolini puso de moda la palabra fascismo con su gobierno y posteriormente lo utilizan Alemania, Japón, Sudáfrica, Argentina y algunas otras naciones que se identificaban con el movimiento, dando rienda suelta a las tendencias castrenses o militaristas que ya tenían.
Aunque aparentemente fascismo y comunismo se podrían confundir, en su origen fueron distintos pues, aunque ambos tienden a la dictadura y la privación de los derechos humanos, el segundo crea una revolución en nombre de la clase obrera explotada y así trata de romper el poder que le atribuyen al capitalismo. El fascismo, por el contrario, forma una alianza con el capitalismo controlando a los trabajadores para el mejor funcionamiento económico de la nación.
Mussolini fundó en Milán (1919) los primeros movimientos "Fasci Italianidi Combattimento", movimientos totalmente izquierdistas y que al llegar al poder por medio de un dictador, exaltaban como valores supremos las facultades militares y de estado, para imponer políticas. Afortunadamente en el caso de Italia estas ideologías no se mezclaron con el racismo o xenofobia, algo que tal vez se debió al espíritu latino de la población; sin embargo, Mussolini aprovechó una retribución nada despreciable proveniente del Vaticano, para no entregar a la población judía de Roma en las garras del nazismo alemán.
De Benito Mussolini (1883-1945) ya hemos hablado algo en el primer capítulo de esta serie, pero se sabe que desde muy joven tuvo una turbulenta vida y que fue obrero, maestro, editor, soldado, político, revolucionario y por último dictador, alguien que con su poder transformó y construyó muchas cosas en su nación, suprimiendo muchas garantías individuales y a todos los partidos políticos que en aquel entonces existían y cuyo desafío a la Liga de las Naciones al invadir Etiopía (1935) y Albania (1939), inspiró en parte, el modelo que Hitler quería para la nación teutona, creando posteriormente entre los dos el llamado "Eje Roma-Berlín".
Ese Eje de naciones totalitarias, las diferenció la eficiencia en lo militar, siendo Italia la menos exitosa, convirtiendo al país y su dictador en peones de Alemania, sobre todo después de la invasión de los aliados a Sicilia en 1943 y las derrotas anteriores de los italianos en el norte de África y Grecia.

Todo indicaba un fuerte y trágico desastre definitivo para el "grandioso Duce" y tal como fue en la mayor parte de su vida -personaje pragmático amante de las pugnas, valentón y amigo del exhibicionismo- su fin junto con su amante Clara Petacci (con quien huyó disfrazado de militar alemán cuando se dirigía a Austria) culminó con una captura de la guerrilla, quienes los fusilaron el 28 de abril/45 cerca del lago Como y sus cuerpos fueron colgados al revés en una plaza de Milán, ante una multitud embravecida.
El coraje del pueblo, culminó con escenas aterradoras que hacen pensar, grotescamente, que Mussolini dejó de ser un títere de Hitler, convirtiéndose en una marioneta -ya sin vida- del pueblo que oprimió. Fue tal el desahogo popular, que una mujer disparó al cadáver por cinco ocasiones "para vengar a sus cinco hijos muertos" en una guerra que él ayudó a propagar.
¿Triste final?... ¿O apenas adecuado para alguien que llegó al poder y que por la fuerza intimidó y sojuzgó a su propio pueblo y a las naciones que invadió? La historia ya lo juzgó y usted amigo lector, seguramente también lo hizo; pero llama la atención que en 1946 sus seguidores lograron robar su cuerpo para enterrarlo de nueva cuenta en un lugar secreto... es de pensarse que aún en nuestro tiempo, existan admiradores que traten de emular con disturbios y arengas a este nefasto dictador fascista.

Continuará...

      




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