Memorias de mi paso por el C.H. Sefaradí PI - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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Memorias de mi paso por el C.H. Sefaradí PI

Condensados

Memorias de mi Paso Por el Colegio Hebreo Sefaradí
(Primera parte)


Por: Agustín Antonio Albarrán

ANTECEDENTES
Llegué a la Ciudad de México, procedente de Zacatecas, mi lugar de origen, el 25 de octubre de 1939, como consecuencia de la invitación que me hizo en su visita a Zacatecas, el entonces Presidente de la República, Gral. D. Lázaro Cárdenas del Río, con el propósito de prestar mis servicios como profesor en la Secretaría de Educación Pública.
El ciclo escolar concluía en noviembre y se iniciaba en febrero. Por tanto, no había posibilidad de ser adscrito a escuela alguna; por ello, el secretario de Educación, Lic. Gonzalo Vázquez Vela, me comisionó en la secretaría particular de la dependencia. Allí tuve oportunidad de conocer sinnúmero de problemas educativos del país y, advertir, la adecuada solución que el hábil secretario proveía a cada uno de ellos.
Era tiempo de elecciones. Fui partidario del Gral. Almazán. El Gral. Ávila Camacho resultó Presidente de la Nación. El 3 de diciembre el nuevo secretario de Educación, aceptó la renuncia que nunca presenté. Quedé desempleado. Me coloqué en una escuela particular. Al poco tiempo, el titular de Educación renunció por enfermedad, lo sustituyó el Lic. Octavio Vejar Vázquez, quien me favoreció con una plaza de profesor de primaria. Había transcurrido un corto tiempo cuando me llamó para designarme su representante ante la Comisión Nacional de Escalafón, donde me ubicaron como Secretario Nacional del Grupo II, para atender los asuntos relacionados con las educadoras de Jardines de Niños en la República y con los profesores de educación primaria, tanto oficiales como particulares, en el D. F.
En el desempeño de ese cargo, una mañana llegó hasta mi un señor que contó lo siguiente:
-Soy judío, dijo, he trabajado como profesor de hebreo en el Colegio Israelita de México, del que me separé el año pasado. Como me agrada la docencia, fundé este año un colegio con el nombre de Colegio Hebreo Tarbut. Solicité al Sindicato de Escuelas Particulares el personal docente, administrativo y manual, mismo que de inmediato asumió sus funciones.
 Trabajamos sin contratiempos desde febrero hasta hoy, 12 de noviembre, en que me informa el Departamento de Escuelas Particulares del D.F. de la S.E.P. que mi colegio no está oficialmente incorporado; es decir, carece de autorización para educar y formar alumnos de primaria. ¡Imagínese el problema que traería esta situación con los padres de familia que habían confiado en mí!
Recurrí a los funcionarios que personas conocedoras del caso, me sugerían. Todos me indicaron que el conflicto radicaba en que los profesores que envió el Sindicato no se habían titulado aún: eran estudiantes de Normal Primaria o pasantes de la carrera magisterial. El subsecretario del ramo me dijo que el único que podría ayudarme en este asunto, era usted, maestro Albarrán, aquí estoy en sus manos. Soy Avner Aliphas, profesor, director general del colegio antes mencionado, con el problema descrito y con la atenta petición que me auxilie a resolverlo, en beneficio de mis alumnos.
El profesor Aliphas traía la documentación de cada uno de sus trabajadores. La revisamos. Encontramos que los profesores no habían obtenido el título correspondiente que los facultara para enseñar.
Debido al perjuicio que sufrirían los alumnos, sobre todo los que cursaban el sexto grado de primaria, resolví, conforme con mis atribuciones, autorizar por este único ejercicio escolar al personal docente del Colegio, con el propósito de legalizar los cursos del año lectivo. Se extendió el documento correspondiente, que se entregó al profesor Aliphas, quien se deshizo en muestras de agradecimiento y, sin encontrar como demostrarlo, sacó de su bolsillo un billete de veinte pesos, para entregármelo. No lo acepté. Muy mortificado, dijo: si tengo alguna plaza vacante en mi Colegio, ¿querrá aceptarla y trabajar en el Tarbut?
-Eso, es otra cosa, dije, ya veremos...

INGRESO
Lo narrado anteriormente, acontecía en noviembre. En enero del siguiente año, «renunció» el Lic. Octavio Vejar Vázquez, como secretario de educación pública. Para sustituirlo fue nombrado D. Jaime Torres Bodet. Una vez más, sin presentar dimisión alguna, ésta me fue aceptada. Regresé a mi escuela, la Sara Manzano, en donde desempeñaba el cargo de director del turno vespertino.
Los últimos días de enero (una semana antes de iniciarse el ejercicio escolar) recibí una llamada por teléfono del Prof. Aliphas para invitarme a colaborar con él como maestro del sexto grado del Colegio Hebreo Tarbut (el de la pasada dificultad). Me informó acerca de la ubicación: Amsterdam 115 y 117; del horario: de 8 a 12p.m.; del sueldo y del número de alumnos que integraban el grupo. Como disponía de tiempo, acepté. Me presenté el 2 de febrero a las 7:45. Inicié mi labor en una cochera, adaptada como aula. Recuerdo, entre otros, a una alumna: Sara Lisker, (tiempo después, maestra y directora de una escuela secundaria oficial).
Trabajé los días 2 y 3; el 4, al bajar de mi automóvil fui abordado por el Prof. Aliphas (aprendí que en hebreo profesor se dice moré), para informarme que el delegado del Sindicato de Escuelas Particulares se oponía a que yo trabajara en el plantel; amenazaba con demandar a la Institución por violación al Contrato Colectivo de Trabajo, en virtud que esa plaza debía ser ocupada por un profesor del sindicato. El moré Aliphas estaba decidido a sostenerme. Comprendí que no debía causarle dificultades al Colegio; agradecí su voluntad de apoyarme y me despedí. El moré me ofreció, nuevamente, veinte pesos por los tres días que concurrí al plantel. Le dije:
-Moré, ya le gusté para regalarme veinte pesos. Muchas gracias; guárdelos, estoy bien pagado con sus atenciones. Mortificado dijo:
-Si vuelvo a tener otra oportunidad que ofrecerle, ¿quiere aceptarla?
-Con gusto, siempre que no cause tropiezos con el Sindicato.
Nos separamos; él, a su escuela; yo, a mi casa.
Unas semanas más tarde, llamó el moré para decirme que se había inaugurado otra escuela hebrea: El Colegio Hebreo Sefaradí Tarbut, en las calles de Mayorazgo 133, Colonia del Valle. Solicitó al Sindicato de Escuelas Particulares, todo el personal, menos una plaza que cubriría la empresa. Los líderes estuvieron de acuerdo. La plaza libre era para mi; me tenía reservado el sexto grado. Así se lo hizo saber a la directora, profesora Agustina Dávila. En caso de admitir, debía presentarme al día siguiente a las 7:50 a.m. en el Colegio.
Como desconocía el rumbo, me perdí; llegué al plantel a las 8:10. La directora, en forma airada me reconvino por mi tardanza. Fuimos al sexto grado, compuesto por quince estudiantes, de los que recuerdo a Daisy Babani, Simón Bali, Isaac Farji, Raquel... Tres meses más tarde, fue promovido del quinto al sexto grado el alumno Jaime Mitrani, quien acreditó en un curso el tercer ciclo. El grupo era heterogéneo en conocimientos, comportamiento y procedencia. Después de una evaluación, lo más confiable posible, decidí dedicarme, ciento por ciento del tiempo disponible, a nivelarlo, lo que comuniqué a la directora quien autorizó la proposición.
Con ello, supuse que estaba ya instalado en el Colegio Hebreo Sefaradí Tarbut.
Considero oportuna una digresión: ¿Por qué es Tarbut?








Tarbut, se llamó a la organización romana creada para la promoción de la cultura hebrea. El nombre significa, en hebreo, cultura o civilización. Este movimiento escolar surgió en Rusia, después de la Revolución de 1917, y se propuso remplazar las antiguas escuelas tradicionales judías: jéder, Talmud Tora, etc., con escuelas hebreas modernas en que enseñaban materias judaicas y generales en hebreo y en que el sionismo ocupaba un lugar importante.
El sistema no prosperó en la Unión Soviética, pero sí en Polonia, Lituania, Letonia, Eslovaquia, Rumania, Bulgaria... El movimiento estaba activamente apoyado por la Organización Sionista y por algunas uniones hebreas. El sistema Tarbut quedó aniquilado en Europa por los nazis, pero echó raíces en E.U.A. y en ciertos países de América Latina. México como protesta por la destrucción del sistema por los hitlerianos, y, por iniciativa del moré Aliphas, tuvo tres planteles Tarbut: El Hebreo Tarbut, el Monte Sinaí Tarbut y el Colegio Hebreo Sefaradí Tarbut. En el presente, sólo queda el primero con ese nombre; carezco de información acerca del empleo del mencionado movimiento en esa escuela.

Después del paréntesis anterior, continúo la narración:

Mi presencia provocaba hostilidad al personal del plantel. Con excepción de los dos choferes, José y Agustín, el resto me trataba con frialdad, desconfianza, marginación. Suponían que era antisindicalista, patronal, espía...
Mis alumnos y yo trabajábamos contra reloj. Se elaboró un regalo sencillo, poco costoso en tiempo y dinero, para agasajar a las madres en su día. No se preparó ni se presentó actividad teatral alguna para la fiesta que se hizo. El profesor del quinto año, que influía poderosamente en la directora, criticaba con frecuencia mi actitud. Fue el conductor del programa, es decir, el maestro de ceremonias, circunstancia que aprovechó para decir a los asistentes que los alumnos y el profesor del sexto grado no habían preparado número alguno para ese festival.
Así caminó todo el año lectivo. Para el fin de cursos se organizó el festejo correspondiente en el Teatro de los Electricistas. En esta ocasión, tampoco contribuimos con participación alguna. Cabe decir que los quince alumnos terminaron felizmente sus estudios. Todos fueron aceptados en el ciclo secundario en la escuela de su elección.
En virtud que no colaboramos artísticamente en la fiesta, el profesor Martínez, del quinto año, y otra vez maestro de ceremonias, sugirió a la directora que me ordenara dirigir unas palabras al público asistente en las que resaltara los buenos resultados logrados en todos los grados, durante el curso y que pidiera aumento de sueldos para el ejercicio escolar siguiente. La profesora Dávila así lo dispuso. Debía hablar después del intermedio. No tenía escapatoria...

Continuará...







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