Memorias de mi paso por el C. H. Sefaradí PII - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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Memorias de mi paso por el C. H. Sefaradí PII

Condensados

Memorias de mi Paso Por el Colegio Hebreo Sefaradí
(Segunda parte)


Por: Agustín Antonio Albarrán

DIRECTOR
Como estaba previsto, el festival para celebrar el final del curso escolar del primer año de vida del Colegio, se desarrolló con normalidad. Pronunciaron discursos alusivos al acto, representantes de: La Unión Sefaradí (hoy, Comunidad Sefaradí) del Comité Escolar (hoy, Patronato del Colegio), de la Organización Sionista Sefaradí, del personal de Hebreo, del Comité de Madres de Familia del plantel, y, al terminar la primera parte del programa preparado, a punto de empezar el intermedio, el Prof. Martínez (maestro de ceremonias) anunció:
Vamos a pedirle al Prof. Albarrán, maestro del sexto año de los alumnos del Colegio que, en virtud que no presentó número alguno en este festival, nos dirija unas palabras, mientras reanudamos el programa.
Sonaron aplausos nutridos y estimulantes de mis quince alumnos y de mi madre, q.e.p.d.
Subí al foro y hablé. No recuerdo qué dije. Sólo viene a mi mente lo que en esos momentos veía: la boca de cada uno de los concurrentes que, en ocasiones, reían abiertamente y, en otras, hacían pucheros y lloraban... Los asistentes se manifestaban emocionados con lo que oían. Tampoco conservo memoria del tiempo empleado en la intervención. Cuando concluí, los aplausos, los vivas y el entusiasmo eran unánimes. Alguien sugirió que la orquesta tocara el Himno Nacional, se le informó a esa persona que no era posible. Un alumno del sexto grado dijo que mi tierra era Zacatecas. Tocaron la Marcha Zacatecas. Los abrazos, las felicitaciones y los besos que recibía eran incontables.
Cabe aclarar que en mi peroración no pedí aumento de sueldos ni expresé algún tema de los que me habían señalado con anterioridad. Mis compañeros estaban furiosos contra mi. Alguno me llamó traidor.
Terminó la fiesta. Empezaron las vacaciones y me propuse olvidarme del personal del Colegio.
Todo diciembre y los primeros quince días de enero los pasé fuera del D.F.
A mi regreso encontré algunos recados telefónicos en los que me invitaban a comunicarme con un señor de apellido Nizri, para tratar un asunto relacionado con el Colegio. Me resistía a llamar al número de teléfono que habían dejado porque suponía que era para decirme: ya no forma parte del personal debido a las contrariedades habidas con mis compañeros.
Ante este silencio mío, una mañana llamó a la puerta de la casa donde vivía, un señor que dijo ser Moisés Nizri. Le pidió a mi madre, quien lo recibió, que yo fuera al día siguiente, a las diez de la mañana, a la Calle de Fernando Alva Ixtlixochitl, que me convenía ocurrir.
Movido por la curiosidad, me presenté en la dirección citada. Resultó ser un depósito distribuidor de materiales para pintura, o, algo parecido. El Sr. Moisés Nizri era socio del negocio y, por consecuencia, allí tenía sus oficinas.
Me encontré con él: una persona sumamente afable, amigable, bondadosa, se expresaba con acento extranjero y, con parsimonia, unió los dedos de su mano derecha, se los llevó a la boca y expresó: Mira, (siempre me tuteó) señor Albarán (nunca me dijo Albarrán) la gente está loca contigo, te quiere en el Colegio. Vamos a que conozcas y hables con Víctor Babani. Tiene buenas noticias para ti...
Sentí una gran satisfacción. Desapareció el pensamiento acerca de que la entrevista era para separarme del efímero empleo.
Abordamos un libre (hoy, taxi). Nos apeamos en Venustiano Carranza y Gante. Entramos a la tienda La Estufa Universal. En el centro del establecimiento se hallaba una mesa, un sillón detrás de ella y dos sillas enfrente; todas al parecer de mimbre. El señor que se encontraba sentado en el sillón, al vernos, se puso en pie; nos saludó, se presentó: soy Víctor Babani. Deseo conversar con ustedes y hacerle una proposición a usted, profesor Albarrán. Nos invitó a sentarnos. Entonces expresó:
Lo felicito por el contenido del discurso que pronunció en el festival de fin de cursos de nuestro Colegio. Coincidimos en sus puntos de vista. Los propósitos y las metas citadas por usted son iguales a las de la Unión Sefaradí. Es necesario que usted y nosotros las realicemos. Para ello, lo invito a que asuma la dirección del plantel. Los detalles los trataremos en las próximas reuniones. Espero que le interese el ofrecimiento y que lo acepte.
El señor Babani me pareció una persona adusta, de palabra fácil y precisa, de gran iniciativa, sensible, humanitario, encariñado con la educación de su gente y con el trabajo de los maestros, por lo que adelante se advertirá.
Manifesté mi agradecimiento por la oferta y por la forma de atenderme me informé acerca de los obstáculos que existían para lograr lo que se proponían: Indemnizar a la directora; al hacerlo, el Sindicato enviaría un remplazo, yo no podría serlo por no pertenecer a la organización sindical; cualquiera de los profesores que prestaron sus servicios durante el ejercicio escolar anterior, alegaría tener más derechos que yo; por último, quizá no me aceptara el personal por no haber manifestado en el festival, lo ordenado por ellos.
El Sr. Babani, rápidamente, opinó: Usted conoce los vericuetos que hay que transitar para conseguir lo que deseamos. Tiene carta blanca para negociar con el Sindicato y con el personal del Colegio. Las influencias que haya que mover, lo que sea necesario gastar y los compromisos que sean menester contraer, los aceptamos. Vaya, hoy mismo, a las oficinas del Sindicato y establezca las primeras conexiones. Téngame informado. Anote el número de teléfono a donde se puede comunicar aquí y a mi casa, que es su casa. Para Moisés, para mi y para la Unión Sefaradí, usted ya es el director del Colegio. Nos despedimos con un abrazo. El Sr. Nizri me acompañó hasta la calle San Juan de Letrán (hoy, eje Lázaro Cárdenas). Convinimos en que también lo tendría informado, me ofreció su compañía para ir a donde fuera necesario, y, con unas palmadas en la espalda preguntó: ¿Estás contento señor Albarán? ¡Qué tengas buena suerte!
El gusto me rebosaba por los poros a causa de lo sucedido durante el día. De regreso a casa empecé a planear la forma de encarar la situación. Decidí apersonarme esa noche con el secretario general de la sección de escuelas primarias. Las largas y difíciles gestiones caminaban lenta, pero al parecer, favorablemente para el Colegio.
Por fin, se lograron acuerdos: a) La profesora Dávila sería indemnizada conforme a derecho, se le extendería un documento acreditando su eficiencia, honestidad y colaboración; b) Se aceptaba al Prof. Albarrán como director del Colegio Hebreo Sefaradí Tarbut, después de adherirse al Sindicato y de haber pagado las cuotas correspondientes, a partir del ejercicio escolar anterior; c) la plaza de director de ese Colegio, es propiedad del Sindicato; ch) En la plaza vacante que deja el Prof. Albarrán, el Sindicato nombrará a quien juzgue merecedor de ella.
Con estos acuerdos y, por sugerencia del Sr. Babani, reuní al personal, les informé de la situación existente, los invité a todos a continuar laborando en el plantel y conmigo, y anuncié el aumento de salarios.
Todos aceptaron. Algunos me felicitaron y me dieron la bienvenida en el nuevo cargo.








INICIACION
Después de conseguir la aceptación del Sindicato de Escuelas Particulares y del personal del Plantel, inicié las gestiones necesarias para que la Secretaría de Educación Pública autorizara mi función. Fue fácil y pronta la resolución afirmativa.
Ahora, debía empezar, de inmediato, a organizar la inscripción de los alumnos, la asignación de grupos a los maestros, la elaboración de rutas para los choferes y prefectas de los transportes escolares, los horarios de clases: por la mañana de 8 a 12 p.m., Español de acuerdo con los programas de estudios oficiales; desde esta hora hasta las 2 p.m., receso para comer en sus respectivos hogares, o, los que querían, comían en el Colegio mediante el pago de UN PESO. El Comité de Madres de Familia preparaba y servía los alimentos. De las 3 a las 5 p.m., se estudiaban Hebreo e Inglés se alternaban una hora de clase de cada idioma por grupo.
Recibí el Colegio con 119 alumnos de Jardín de Niños y Primaria. Sólo en el Jardín había dos grupos; en la Primaria, grupo por grado. La inscripción y las colegiaturas casi eran gratuitas, más bien simbólicas; las cuotas del transporte eran sumamente bajas; todo con el propósito de hacer atractivo el ingreso a la escuela. Sin embargo, esto no sucedía; en vista de ello, el señor Moisés Nizri y yo visitamos, una tarde, el Café que se hallaba en las calles de Córdoba, (propiedad del señor Salej Arfalij), al que concurrían judíos árabes -miembros de las colonias de Alepo y Damasco-. El señor Nizri habló con algunos de los parroquianos para invitarlos a que enviaran a sus hijos al Colegio Hebreo Sefaradí Tarbut. Manifestó, con emoción, las perspectivas halagüeñas de los estudios en el Colegio. Había quienes tenían a sus vástagos en el Monte Sinaí y, otros, en la escuela Euterpo, ubicada en la Colonia Roma. El señor Nizri continuó insistiendo en el beneficio que les acarrearía a los niños este cambio. Me pidió que interviniera para tratar de convencerlos. Después de algunas horas de conversaciones, logramos que algunos de ellos (más por amistad con el Sr. Nizri que por convencimiento) ofrecieran que harían lo posible por llevarlos a "la Sefaradí". Muchos cumplieron, a grado tal, que a través del tiempo había más de la mitad de alumnos de esas colonias en el Sefaradí. El señor Víctor Babani y yo visitamos una congregación de judíos aborígenes que se reunían en una especie de Sinagoga por la colonia Vallejo (allá por la Villa de Guadalupe), que era dirigida por un señor Ramírez. Se les ofreció inscripción, colegiatura y transportación (hasta la Villa) gratuitas. Esos niños becados fueron alumnos del Colegio hasta terminar sus estudios de primaria.
Las actividades escolares se desarrollaban con normalidad. Las conmemoraciones y las celebraciones cívicas, tanto mexicanas como israelitas, se realizaban con respeto y entusiasmo; se tenía la intención de influir en forma positiva en los sentimientos de los niños a favor de los hechos evocados.
Después del festival dedicado a las madres de los alumnos, debido a una iniciativa del Sr. Víctor Babani, que fue secundada por el personal de hebreo, procedí a organizar un "JUICIO A SHIMSHON BEN MANUAH" (Sansón). Sansón, Juez de los hebreos, célebre su enorme fuerza física, del que algunas circunstancias de su vida son objeto de frecuentes alusiones: a).- La quijada de burro con la que mató a mil filisteos; b).- Su cabellera en la que residía su fuerza; c).- La destrucción de las columnas del templo de Dagón, donde estaba prisionero; destrucción que realizó cuando tenía lugar una ceremonia religiosa de los filisteos, como consecuencia, él mismo quedó sepultado bajo los escombros. Así nació la expresión: "Aquí morirá Sansón con todos los filisteos", o "Sansón y cuantos con él son"; d).- Perdió su energía cuando Dalila le cortó el pelo.
Estos hechos sirvieron de algo para el debate: ¿Fue benéfica o perjudicial para los hebreos la actuación de Sansón?
El Jurado se integró con los señores José Benbasat, Eduardo Weinfeld (coautor de la Enciclopedia Judaica), los rabinos Levy, Avigdor y Rafaelín, de la comunidad azquenazí; el fiscal fue el moré Willy Tzornisky; el defensor, el señor Isaac Babani, co-autor, también de la Enciclopedia citada.
El acto se efectuó en el auditorio del Colegio, un domingo a las 16:30 horas. El local resultó
insuficiente para acomodar a los asistentes. El "juicio" surtió efectos inesperados: un número considerable de concurrentes intervino para manifestar sus puntos de vista: unos, en pro de la sentencia, otros, en contra. En virtud que no hubo consenso acerca del dictamen, se propuso realizar una nueva sesión en fecha reciente. Por circunstancias ajenas al plantel, la segunda reunión nunca se llevó a cabo. No obstante, durante algún tiempo interesó, comentó y discutió en centros de concurrencia judíos, este "juicio". Ni antes ni después, en colegio israelita alguno, se ha hecho algo semejante. (S.E.u O.)
El ciclo escolar terminó con buen aprovechamiento de los estudiantes. Así se informó a sus padres y a la Comunidad en el festival de Fin de Cursos realizado en un teatro capitalino. Todos los alumnos egresados del sexto grado de educación primaria, fueron admitidos en las escuelas secundarias de su elección.
El año lectivo terminó con 287 escolares. Durante el período de vacaciones se hicieron los acondicionamientos y las mejoras necesarias a los transportes, mobiliario y edificio con el propósito de tenerlo expedito para el ejercicio educativo siguiente.
El Comité Escolar (antecesor de lo que hoy es el Patronato), integrado por los señores Víctor Babani, Moisés Nizri y David Yomtov proveía con generosidad lo que era menester a fin que el personal docente, administrativo y manual cumplieran eficientemente con su cometido y no existieran pretextos para fallar. El Sr. Babani era el responsable de la política educativa en el Colegio (y del gobierno de La Unión Sefaradí), así como de los aspectos académicos y humanísticos; el señor Nizri se encargaba de los asuntos religiosos, de los transportes escolares, del mobiliario, del edificio, de todo lo material; el señor Yomtov promovía las relaciones públicas y auxiliaba en lo que hacía falta.
El Colegio, enclavado en una zona de escuelas particulares cristianas (cinco católicas y una protestante) y de tres oficiales, estableció buenas relaciones con todas. Se logró borrar la imagen que algunas tenían acerca del pueblo judío.
El Sefaradí competía con esas escuelas en conocimientos, de acuerdo con los concursos convocados por el Inspector y por el Jefe de Sector escolares, dependientes de la SEP. El Colegio siempre obtuvo el primer lugar en ellos. Existen constancias escritas al respecto y viven, por fortuna, los alumnos (hombres y mujeres) que representaron al Plantel. La mejor publicidad en relación con el trabajo realizado por el Colegio Hebreo Sefaradí Tarbut la hacían los padres de familia, convencidos de la oportunidad ofrecida a sus hijos para lograr su formación integral. Se uniformó a los niños; se diseñó y usó el escudo para portarlo en el suéter azul o en la camisa blanca y empezó a formarse, con gusto y simpatía la FAMILIA SEFARADI.

Continuará...








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