Los Organillos - Intelecto Hebreo

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04/05/2020
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Los Organillos

Etapa Electónica 2
Los Organillos
Por: Jacobo Contente
Por generaciones y generaciones, en varias poblaciones importantes de Latinoamérica, hemos sido testigos de la presencia de un instrumento musical itinerante, inventado a principios del siglo XIX en Inglaterra, cuyo inconfundible sonido de melodías populares -captamos con cierta nostalgia- entre el bullicio callejero que produce la actividad propia de nuestras poblaciones. En apariencia esos momentos especiales pasan desapercibidos, olvidando que, para lograrlos, se ha necesitado de un oficio que hasta la fecha -por lo menos en México- se resiste a morir. A todos ellos que por momentos les dan vida a las calles, los llamamos organilleros.
   
ACCIONE INDIVIDUALMENTE LAS MELODÍAS
1)    Cuatro Milpas
2)    Vals Alejandra
3)    Club Verde
4)    La Rielera
5)    El sopilote mojado
6)   Jesucita en Chihuahua
7)   Alla en el Rancho Grande
8)   Las Golondrinas
9)   Cielito Lindo
10) El Organillero...de Agustín Lara. Canta Pedro Vargas.

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El oficio del organillero llegó a México durante el gobierno de Porfirio Díaz, los fundadores de la casa de instrumentos Wagner y Levien solían rentar organillos a gente para que saliera a ganar dinero con ellos a las calles, aunque fueron los empresarios, circos y ferias quienes compraron los primeros organillos en México. Las jornadas laborales de los organilleros mexicanos son de aproximadamente 12 horas diarias, y navidad es la época en la que suele irles mejor. Sin embargo, normalmente transcurren varios minutos para que alguien coopere con una moneda. Por lo tanto, es complicado para ellos juntar la cuota de renta diaria del organillo, que asciende mínimo a 150 pesos.
 
Desde 1975, año en que se formó la Unión Mexicana de organilleros, en su mayoría están uniformados como lo hacían las tropas revolucionarias del ejército de Francisco Villa, pues se dice que un voluntario se presentó con un organillo que perteneció a su padre, y el General le pidió lo tocara para amenizar a la tropa, dándole posteriormente esa tarea como oficio permanente.




El cilindro, u organillo, toma su nombre del mecanismo que le permite crear melodías. Consiste en un rodillo de madera con incrustaciones de metal que funciona como partitura, aunque su sistema se compone de cientos de elementos trabajando en sincronía.
Las partes de un organillo pueden incluir silbatos, bajos y trompetas. Son de madera, bambú o latón y llegan a pesar hasta 50 kilos. Deben ser muy bien cuidados, ya que su composición es un proceso muy tardado y complicado, porque las piezas son difíciles de conseguir y algunas deben ser importadas desde Alemania, Francia o Italia, y algunas de éstas dejaron de fabricarse después de la Segunda Guerra Mundial. De los 500 organilleros que en el porfiriato alegraban los principales parques y alamedas de la ciudad, actualmente existen aproximadamente 40 de ellos en las calles.


Cuenta la leyenda que el cliché del mono cilindrero era cierta, pues antes un mono araña pedía la cooperación mientras el organillo tocaba. Ahora, algunos organilleros traen un mono de peluche con ellos, de forma simbólica, (los organilleros en Chile solían acompañarse por un loro).

Si bien es cierto que el oficio del organillero ha sobrevivido por décadas, su futuro es cada vez más incierto. Hoy, escuchar un organillo es un placer que sólo gozan las personas que valoran la tradición de pararse a disfrutar una canción que les recuerde su juventud. Mientras la gente entienda, valore y apoye esta antigua costumbre que es parte de nuestra historia y cultura, el oficio del organillero tendrá futuro.

Agustín Lara, compositor mexicano de fama mundial, le dedicó a este oficio una melodía, de la que a continuación reproducimos uno de los versos:
“Ya se va el organillero
nadie sabe adónde va;
dónde guarda su canción,
pobrecito organillero
si el manubrio te cansó,
dale vuelta al corazón."
"El organillero". Agustín Lara.
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