Libro Albedrío - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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Libro Albedrío

Etapa Electónica 2
Libro Albedrío
 
Por: Marie Pesso
 
Los libros son ventanas que no abro todas las veces que quisiera, que necesito.
 
Mi vida está lejos de la rutina y las interrupciones de distintos tipos son constantes. Es, en todo caso, una rutina no rutinaria. A los libros les debo algo de la sensación de continuidad. A ellos vuelvo después de cada viaje en medio de ella, antes. En el viaje, en el hotel, esperando una cita, preparando una junta, esperando una entrevista, haciendo un cambio de avión en algún aeropuerto lejano. A ellos les debo, igual que a la música, comprender un poco más de lo que soy yo, de lo que somos como seres humanos, conocer otros mundos. No hay, para mí, mayor consuelo que la música y los libros.
Confieso que no tengo la capacidad para tener un banco de datos de todo lo que he leído: fecha, fichas, nombres listos para ser citados, recordados, comentados. Envidio a los escritores y lectores profesionales que nos asombran con su memoria privilegiada; que reseñan y analizan un libro, hacen analogías con otros, con otros autores, con escuelas. Yo los tengo para mí. Sé que todo lo que he leído ha quedado en mí, en mi forma de ver y sentir. También en mi yo. Especialmente en mi yo
¿Cómo escojo los libros? Yo diría que me escogen los libros me eligen. A veces sigo a un autor que conocí por casualidad y que me dijo cosas. A veces compro un libro por la recomendación de alguna persona amiga en cuyo criterio confío. A veces me apasiona un tema y voy tras él. Leo, por saber de mí, a los novelistas mexicanos y a los latinoamericanos, a los clásicos universales, a algunos nuevos autores. Biografías de personajes que me intrigan.
Es curioso: no leo best-sellers. Aunque no es tan curioso: soy parte de la generación contestataria de los setenta. Cuando me regalaron El Código Da Vinci estuvo meses y meses guardado. Cuando lo leí provocó en mí el interés de conocer a Leonardo da Vinci. Él me está resultando muchísimo más apasionante que el libro que me llevó a él. De pronto, Leonardo ya no es sólo un personaje lejano, un nombre de otra época, alguien que uno "debe" conocer. Leonardo se ha vuelto para mí un ser querido y cercano. Es lo que yo alguna vez he soñado ser: una infatigable curiosidad de ver, comprender, transformar.
Casi nunca me deshago de mis libros. Sólo me separo de aquellos que le "heredo" a mis amigos. Casi siempre quedan en mis libreros, silenciosos testigos de mis horas, de mis días, de mis años.
Casi siempre los releo, algunos me duelen más que otros. Pero siempre están allí, dispuestos a un nuevo diálogo. Entre el silencio de mis libros y el sonido de mis discos hay una larga calle por la que transita mi asombro por la vida. Mi gratitud por vivir.
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