Las facturas de una civilización - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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Las facturas de una civilización

Etapa Electónica 2
Las facturas de una civilización
 
Por: Gabriel Katz (Miami, Fla.)
Se dice que las civilizaciones distan de las sociedades tribales, porque estas últimas se basan en el parentesco y las primeras por el predominio del modo de vida urbano; es decir, el efecto de las ciudades que impone relaciones más abiertas. La humanidad a través de los tiempos, pasó de un sedentarismo a un desarrollo económico, división del trabajo, comercialización, actividad industrial y a un sistema iniciado a finales del pasado siglo, que engloba esa modernidad, con el nombre de globalización.

Pero el concepto de civilización, no comprende únicamente aspectos materiales, económicos o de trabajo, sino que en el sentido más amplio es sinónimo de cultura, que a su vez, engloba -entre otras cosas- las ideologías, creencias, valores, costumbres y leyes que la han hecho avanzar o retroceder, según los casos y las diferentes épocas. El origen de la palabra, como muchas otras denominaciones, proviene del latín "civis" que significa ciudadano, y de la misma raíz, encontramos civil o civilizar.

Por esta clasificación podemos encontrar un sinnúmero de civilizaciones, entre ellas la judía, con su conjunto de creencias y valores que la distinguen; no por ello debemos pensar, que dichas características han sido fijas o inamovibles; por el contrario siempre -como muchas otras- está en constante evolución o decadencia. Musicalmente hablando, podemos compararla como un conjunto de melodías, casi siempre sobre el mismo tema. Mas si nos olvidáramos por un momento de los conceptos de religión o de cultura, veríamos que de todas formas se podría clasificar como judaísmo: a un determinado grupo de personas o instituciones que, por su organización humana, se vinculan a determinadas formas de entender y actuar en la vida.

Ante los grandes movimientos políticos y culturales de la Historia Universal, surge lo que en la actualidad se le ha llamado "el choque de civilizaciones"; esos choques se han tratado de estudiar y comprender, por motivos que se han dado entre estados-naciones o ideologías. Las más de las veces, sino siempre, esas ideologías contienen un alto grado de elementos fanático-religiosos, que aunque se traten de ocultar con otras causales o motivos, las fanático-religiosas subyacen como claros cimientos que han dado origen a los más sangrientos episodios del género humano. Por regla general, mientras más contenido religioso exista en esos choques, más despiadadas son las reacciones y número de víctimas; dichos eventos -por lo general- se dan entre una, dos o más culturas, generalmente cerradas y con una tradición cultural más o menos diferentes que tratan de imponer.

Siendo la civilización o cultura judía una de las más antiguas de la humanidad, se podría suponer que ya en nuestros días, estaría exenta de esos choques, mas sin embargo en pleno siglo XXI, se detectan aumentos en los ataques violentos hacia las personas, estado o instituciones que se identifican con esos principios y forma de vida. Choque de culturas o imposiciones, que se le nombra antisemitismo; término que hace referencia al prejuicio o la hostilidad abierta hacia los judíos como grupo generalizado, y que suele manifestarse en una combinación de prejuicios de tipo religiosos, raciales, culturales y étnicos. Aunque la etimología del término, podría dar a entender que se trata de un prejuicio contra los pueblos semitas en general. Pero hasta en esto el judaísmo -debido al poco entendimiento y preferencia de los demás-, muestra de nueva cuenta su singularidad, aplicándose dicho término exclusivamente para referirse a la hostilidad contra los judíos. Tal vez también por ello y no tanto por la estrecha relación bíblica con Dios, paradójicamente se le reconozca como "el pueblo elegido".

El término antisemitismo -relativamente moderno, pero al fin erróneo- no es del todo original en sus métodos, pues la discriminación individual o colectiva, los ataques (en sus diferentes formas y escalas) e incluso la violencia policial o estatal, no son nada nuevos, quedando profundamente escritos en una vergonzante y continua historia que inicia, desde las épocas paganas -antes de nuestra era-, pasando por el anti-judaísmo religioso -de los siglos V al XVII- o del pasado reciente llamada judeo-fobia moderna o si se prefiere antisemita -de los siglos XVIII al XXI. Las actitudes de las demás culturas, principalmente la cristiana, incluyeron en su vasto y nefasto repertorio: secuestro de niños, humillaciones, restricciones, expulsiones, agresiones, asesinatos y holocausto.

Las causales o pretextos han sido diversos, destacando sobre todo una aberración psíquica de los atacantes, originada por ser la cultura y costumbres judías, diferente a las de otros grupos, y que además las leyes mosaicas -en particular en el judaísmo-, exigen a sus practicantes el monoteísmo, sin mayores dogmas o vericuetos de fe; un monoteísmo simple y llano, fácil de entender, pero difícil de practicar por muchas religiones que se dicen practicarlo. Como otro elemento de envidia y odio, destaca la separación o aislamiento, que por lo general, los judíos practican hacia determinados comportamientos convencionales, o mejor dicho, hacia las actitudes ajenas colectivas o mayoritarias, olvidando en todos los casos, que esas actitudes de sobrevivencia de una minoría como la judía, se han generado por la misma belicosidad e incomprensión de sus perseguidores; de ahí también las causas impuestas por sus atacantes -no por las leyes judías- de evitar el proselitismo, la apertura a gentiles de sus tradiciones -en todo tiempo incomprendidas- y el evitar en lo posible las uniones endogámicas.

Con ello el pueblo "elegido", demuestra ser un pueblo que aprende, como aquel famoso dicho mexicano de "la mula arisca", que no era así, sino que a base de golpes la hicieron; un pueblo mayormente responsable de su actuación histórica, aunque diecinueve siglos de "amor cristiano", le hayan pasado varias y constantes facturas, entre ellas, la que lo calificaba oficialmente de pueblo deicida; cobarde y aberrante condecoración que en la práctica y por mucho tiempo más, será muy difícil de borrar de la mente de muchos de sus fieles, aunque para ello se modificaran todos los evangelios que tratan sobre la vida y hechos -terrenales o celestiales- del considerado hijo de Dios.

Esta incredulidad se basa en que, aunque algunos Papas condenaron la violencia, sus clérigos la fomentaron y hasta pedían la conversión de los infieles en sus dominios, pues afirmaban que la cristiandad había suplantado al judaísmo. Afortunadamente el Islam, no tuvo los mismos pretextos de carácter religioso, aunque siendo tan creativos se inventaron otros, con menores repercusiones existenciales para los judíos, pero con mayores beneficios económicos y de control. Después vendrían los pretextos de raza, inventado por un grupo de criminales surgidos de una supuesta súper civilización aparentemente ordenada y culta, que también persiguió y exterminó, alegando que los judíos no podían negar la naturaleza de su sangre; patrañas y crueles ensañamientos todos ellos, que diezmaron en todo tiempo a un pueblo del que todas las culturas -directa o indirectamente- se han beneficiado, al cual nunca podrán reconocer hasta que la naturaleza humana contenga mayores cantidades de tolerancia, demuestre verdadero amor, humildad y respeto a sus semejantes, en lugar de imponer las leyes, costumbres, deseos, locuras o caprichos de los más fuertes.

Mientras difícilmente algo de esto suceda, nuestro mundo se sigue achicando y sus más poderosos dirigentes tratan -con nuevos pretextos- de dominar en lo material, a naciones y pueblos enteros, ya no tanto con las armas sofisticadas que tanto ensangrentaron a la humanidad, sino con otros argumentos de modernidad, falsa moralidad e igualdad, que otras afamadas y grandes civilizaciones -ya desaparecidas y otras por desaparecer- trataron y tratan de poner en práctica, dejando a un lado las verdaderas proporciones y necesidades del hombre, entre ellas: el respeto de la valiosa y vasta individualidad en costumbres, forma de vida y creencias.
Es deseable que cada día,
menos facturas se expidan entre las diversas civilizaciones;
y de haberlas,
que no tengan las consecuencias
como en el pasado.
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