Las etnias marginales del judaísmo - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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Las etnias marginales del judaísmo

Etapa Electónica 2
Las etnias marginales del judaísmo
 
Por: Max Bery
 
Un rasgo característico en la historia de las poblaciones judías, después de la caída del segundo reino de Israel en 70, es su dispersión por todas partes del mundo y sus innumerables migraciones, a la merced de vejaciones, expoliaciones y persecuciones, de parte de las naciones que las habían recibido -con tolerancia o con reticencia- pero siempre con prejuicios.
Los que se resistieron a la asimilación tuvieron siempre dos preocupaciones principales: la reunión estructurada en comunidades culturales y sociales, de manera a reforzar la preservación de la herencia ancestral y asegurar un frente sólido contra las corrientes de hostilidad y, con este fin el mantener contactos continuos con otras comunidades.
Esto permitió a las élites intelectuales, aún en la época más oscura de la Edad Media en el mundo occidental, no perder ningún rastro de la vida comunitaria y preservar una historia ordenada de cada agrupación.
Sin embargo, al margen de comunidades organizadas hubo grupos aislados, cuya identidad judía está comprobada por algunos, y puesta en tela de juicio por otros. Es precisamente a causa de su aislamiento que la historia de estos grupos queda rodeada de leyendas en cuanto a su origen, y que existe la confusión en cuanto a su evolución.
 
PARTE I
LOS FALASHAS
Según su tradición los Falashas (extranjeros) sacarían su origen de los notables de Jerusalén quienes acompañaron a Menelik, hijo del rey Salomón y de la reina de Saba, cuando se regresó a su país. Otras fuentes regresan a la destrucción de Samaría y de Judea por los Asirios, en el siglo 8 a.c. y la subsecuente emigración. Lo más probable es que se produjera una infiltración gradual de elementos judíos y cristianos en el Sur de Arabia y en el Este de África durante los primeros siglos de la era cristiana. Una cosa es segura, sin embargo: ellos se separaron de la corriente judaica principal antes de que se completara la Mishná (200 b.c). Es significativo que ellos conmemoran con un ayuno la destrucción del primer Templo (586 a.c.) pero no la del segundo (70 b.c.).
El judaísmo estaba muy propagado en el sur de Arabia, desde el reinado del rey Saúl. Podría ser que los intercambios constantes entre este país y Etiopía fueran el origen de un grupo constituido por la conversión de las masas todavía idólatras. Como sea las crónicas nos enseñan que el judaísmo se había extendido en el país mucho antes de la conversión al cristianismo de la dinastía Axum, en el siglo cuarto. Los judíos que se resistieron al proselitismo cristiano en Etiopía fueron rápidamente el objeto de vejaciones, lo que les obligó a dejar las regiones costeras y a refugiarse en las zonas montañosas, al norte del lago Tana. Allí se concentraron y vivieron con total independencia bajo el mando de sus propios jefes.
Sus prácticas religiosas y creencias eran, en muchos aspectos, tan distintas de las ortodoxas que su origen judío fue cuestionado durante mucho tiempo. Ignoraban la Mishná y el Talmud. No conocían las oraciones en hebreo y la lectura de las escrituras se hacía en Ge'ez, que también era el idioma sagrado de los cristianos etíopes, y tampoco observaban las costumbres rabínicas de la mezuzá y de los tefilim. Observaban las leyes dietéticas y rituales y el shabat en una forma muy estricta. Como lo hacían los samaritanos festejaban Pésaj, sacrificando un borrego, el 14 de nisan, pero no celebraban Purim ni la popular festividad de Janucá.
En el siglo décimo los Falashas jugaron un papel importante en la ofensiva de las tribus Agau contra la dinastía Axum. Siempre de acuerdo con la tradición etíope, ellos tenían una reina llamada Judit, quien llevó a los rebeldes en destituir el Negus y a desquitarse con los cristianos. Se sabe que desde este momento y hasta el siglo 17, los Falashas conservaron su independencia. En efecto, cuando las tribus Agan se rebelaron de nuevo contra el poder central, los Falashas, conducidos por su rey Gedeón se asociaron a la revuelta. Después de haber controlado la rebelión el Negus concentró su poder contra los Falashas y los atacó en su territorio. Conquistó sus fortalezas y un gran número de ellos fueron masacrados. El Negus prometió a los sobrevivientes el regreso en paz en sus pueblos si depositaban sus armas. Sin embargo, poco tiempo después, bajo la presión del clero, Daba les dio la alternativa, la conversión o la muerte. Rehusando el bautismo el rey Gedeón fue masacrado con la mayor parte de sus sujetos, en el curso de una batalla encarnizada. Los sobrevivientes fueron reducidos a la esclavitud y la pena de muerte decretada para los que persistían en la práctica del judaísmo.
Existen otras fuentes sobre el origen de los Falashas. Un viajero judío del siglo noveno Eldad ha-Dani ha dejado indicios sobre los judíos dispersos de su época. Según él, los fugitivos de las tribus de Dan, Asher, Gad y Naftali, sobrevivientes de la caída del primer reino de Israel se juntaron en una región llamada Havilá, cerca de Etiopía y crearon un reino cuyo rey fue un tal Abdiel. Por lo tanto se ubica en este reino el origen de los Falashas, máxime que los anales etíopes concuerden en señalar la existencia de un reino judío autónomo.
Curiosamente esta región Havilá está mencionada en Berechit 2/11 como "el país del oro". De hecho la zona escogida primitivamente por los Falashas para establecerse, se encuentra sobre el gran eje sur-norte utilizada durante miles de años por las caravanas de camelleros quienes aseguraban el tráfico de los esclavos y del oro, entre el centro de África y Egipto, Arabia y todo el Oriente Próximo. Benjamín de Tudela -célebre viajero sefardí del siglo 12- menciona a judíos etíopes en sus relatos, mientras que el geógrafo árabe Idrisy, su contemporáneo sabía que los judíos vivían cerca del afluente del Nilo, el Tacazzé, que fluye justamente en la región de los Falashas.
Luego las huellas históricas de los Falashas son cada vez más numerosas. Eliyah de Ferrara (siglo 15) tuvo conocimiento de las luchas de los Falashas contra los cristianos quienes querían imponerles la conversión. Ovadía de Berinoro, su contemporáneo conoció personalmente a Falashas en Egipto. En el transcurso de los siglos 16 y 17 numerosas misiones católicas trataron de convertir a los Falashas. Los peligros de asimilación todavía fueron mayores en el siglo 19, cuando misiones protestantes americanas, con apoyo financiero importante, se dedicaron a seducirles a la conversión, lo que parecía fácil, tomando en cuenta su condición de vida muy miserable.
La suerte de los Falashas empezó finalmente a atraer la atención de personalidades judías. Una acción eficaz en su favor se llevó a cabo, gracias a Jacques Faitlovich, orientalista judío de origen polaco, quien formó un comité internacional pro-Falasha, para la creación de escuelas en sus pueblos, con la idea de promover su emancipación y, gracias a importantes aportaciones de dinero, mejorar su condición de vida. Establecido en Israel después de la última guerra mundial es gracias a su intervención que la Agencia Judía tomó el relevo de su obra, en una escala mayor y más activa.
Si la suerte de los Falashas suscitó un gran interés en Israel no se consideró inicialmente su inmigración ni su integración, ya que su origen judío estaba en entredicho. Sin embargo, en 1921 Rav KooK no dudó en reconocer a los Falashas como parte integrante del pueblo judío. En mayo de 1973 Rav Ovadía Yosef declaraba oficialmente que los Falashas eran judíos, descendientes de la tribu de Dan: Rav Shlomo Goren asumió la misma posición.
Durante la guerra civil en Etiopía aproximadamente 12,000 Falashas de la zona de Gonda fueron transportados por vía aérea a Israel (operación Moisés, de septiembre 1984 a marzo 1985). Otro transporte masivo de 14,000 personas tuvo lugar en mayo 1991 (operación Salomón). Más tarde el Gobierno etíope permitió a Israel evacuar a los últimos practicantes del judaísmo que vivían en la zona de Quaral elevando el total a 70,000 los que abandonaron Etiopía. Unos 26,000 miembros de los Falashas Mura, buscando la emigración a Israel se quedaron por razones de que su origen judío estaba en duda.
Los Falashas se integraron a la vida del país. Las restricciones a su inmigración se suavizaron, paralelamente a la ayuda financiera asegurada conjuntamente por la Agencia Judía, el Congreso Judío Mundial y el Joint. Se puede decir que los últimos sobrevivientes de este pueblo judío pudieron finalmente realizar su sueño milenario, el de regresar a la tierra de sus ancestros.
Continuará...
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