La Carta de Moussali (Sept. 2017) - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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La Carta de Moussali (Sept. 2017)

Etapa Electónica 2
 
LA CARTA DE MOUSSALI
 
 
Por: André (Sept.2017)

Al principio de los años 60s del siglo pasado, me encontraba yo estudiando en la Universidad Truman en Kirksville, en el estado de Missouri, EUA. Ahí había un grupo bastante nutrido de estudiantes iraníes que asistían a la Universidad. Gran parte de ellos no hablaba inglés. Estaban ahí para que sus padres se enorgullecieran de que sus hijos se encontraban estudiando en los Estados Unidos. Conocí a varios de ellos y en sus pláticas me di cuenta de que eran antisemitas y dirigían su odio al Estado de Israel. Y eso fue hace más de 40 años, antes de la revolución islámica y de la llegada de los ayatolas.

 
En esa época el Sha Reza Pahlevi regía el destino de Irán, que era benévolo e incluso amistoso hacia Israel. La población iraní, que era musulmana, tenía un gran atraso educativo; más del  75% era analfabeta y, como sucede entre las poblaciones analfabetas, sus creencias eran influenciadas por los sermones de los jerarcas musulmanes en las mezquitas. Estos predicaban el odio hacia Occidente e Israel que, según ellos, representaba los intereses imperialistas en la zona. La población crecía con ese odio hacia todo aquello que no era acorde con su creencia y, sobre todo, a los judíos y a los cristianos que eran Kifaar, porque no habían aceptado el mensaje transmitido por Mahoma. Eso significaba que eran enemigos de todo lo que representaba su religión y su ética.

 
El odio siguió creciendo con la llegada de los ayatolas al gobierno. Y se fue exacerbando con los discursos del ayatola Jomeini, que consideraba a  Estados Unidos como el Gran Satán  y a Israel como el Pequeño Satán. El país fue hundiéndose en el fanatismo y en contra de todo aquello que no fuera del Islam chií. El chiismo es una división del Islam que está en contra de otra fracción, que son los suníes. Los chiitas consideran a los descendientes directos de Mahoma como los verdaderos portadores de la fe, mientras que los suníes se rigen por una elección entre los líderes del Islam. Estas divisiones provocaron la muerte de más de un millón de musulmanes en la guerra de Sadam Husein (suní) y los Ayatolas (chiíes).

 
Fueron los chiíes, que consideran la muerte y el sacrificio en combate contra los enemigos como una guerra santa, quienes llevaron al sacrificio a millares de jóvenes, casi niños, que se hacían explotar sobre las minas colocadas en los campos de batalla. Estos niños se lanzaban a morir con un collar que llevaba una llave de plástico para entrar al cielo y una copia del Corán.

 
Fue la llegada del presidente Mahmud Ahmadineyad, con sus diatribas contra Occidente y sobre todo contra Israel, la que mostró el verdadero rostro del fanatismo y el odio hacia los israelíes. Éste explotó y se hizo viral cuando el presidente fue predicando de manera visceral contra Estados Unidos. Y no contento con querer borrar a Israel de la faz de la tierra, organizó reuniones de todos aquellos que negaban el Holocausto judío durante la Segunda Guerra Mundial. Este hombre pequeño, que se presentaba ante las televisoras del mundo desprovisto de corbata, porque según él y sus compinches representaba la abnegación hacia Occidente, no perdía ninguna ocasión para despotricar contra Israel y contra Estados Unidos.

 
En el Museo del Holocausto de la ciudad de Washington, la foto de Ahmadineyad sigue  a la de Hitler entre las figuras más perniciosas hacia el judaísmo. Los pueblos árabes se han regocijado con la presencia de esta fotografía, para mostrarle al mundo lo desagradables que son Ahmadineyad e Irán, que quiere dominar al Medio Oriente enarbolando la bandera de los palestinos.

 
En realidad, después de su salida del régimen iraní, y a pesar de haberse frenado su programa nuclear que quería obtener la bomba atómica y ocasionar otro Holocausto, sus sucesores siguen pregonando el final del Estado judío, pero no con tanto énfasis.

 
Pese a sus promesas de parar la producción de uranio, siguen produciendo misiles que podrían alcanzar no sólo Israel, sino Occidente y todos los países árabes de la región. Y han hecho todo lo posible por aliarse con el régimen de Corea del Norte, que podrían proporcionar material nuclear para armar sus misiles.
 
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