Jerusalem, Tres mil Años de Historia PIII - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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Jerusalem, Tres mil Años de Historia PIII

Condensados

Jerusalem, Tres mil Años de Historia
Fusiona Pasado, Presente y Futuro
(Tercera de cinco partes)


Por: Sergio Nudelstejer

LA CIUDAD SANTA

La Tierra Santa, nombre con que se conocen los lugares donde nació, vivió y murió Jesucristo, ocupa un lugar preeminente en el corazón geográfico del moderno Estado de Israel, especialmente en su capital, Jerusalem. El paisaje de la Tierra Santa es muy sugestivo e interesante: caracterizado por estridentes contrastes de la naturaleza que van desde una intensa y solar luminosidad que inflama los colores y matices de esa tierra, confiriendo rasgos de extraordinario encanto a las montañas -ásperas, yermas, rocosas y áridas-, a los verdes y lujuriosos oasis, a las plantaciones y a los cultivos, a los grandes lagos azules, a las costas, festonadas de palmeras, y aun a los mismos territorios desérticos.
Es precisamente en este escenario de intensa participación emotiva en que se inserta el aspecto religioso, que hace de ese rincón del Oriente Medio, el centro fundamental de las religiones monoteístas, que encuentran allí su matriz religiosa común, a la vez que extraordinarias e inimaginables convergencias. En efecto, la Tierra Santa es el escenario de la vida, de la predicción, de los milagros y del sacrificio de Jesús, pero a la vez también la tierra de la gran narración del Antiguo Testamento, patrimonio histórico y acto de fe de una nación entera, como lo dijera un sincero cristiano, el padre Benjamín Núñez, quien fuera embajador de Costa Rica en Israel: «A ese pueblo Dios lo escogió como depositario de un mensaje de verdad, justicia, amor y paz destinado a la humanidad.» Este mismo lugar fue, a la vez, escenario de la mística ascensión de Mahoma.
Los Santos Lugares perpetúan recuerdos de atávicos sacrificios cuya primera narración está contenida en la misma exégesis bíblica. Los lugares de Jesús, los extraordinarios testimonios del pasado, los grandes vestigios arqueológicos, las imponentes manifestaciones de una arquitectura múltiple y ecléctica, los fermentos de la fe y los lugares de culto, invitan a los hombres de nuestro tiempo a una profunda reflexión. Los numerosos visitantes o peregrinos que llegan de todos los rincones de la Tierra se interrogan sobre el significado del mensaje de paz, de fe, de esperanza y universalidad que emana de ese trozo de tierra, «el único lugar del mundo que Dios tocara», como lo ha repetido acertadamente el filósofo y estudioso cristiano que vive y enseña en Jerusalem, doctor Marcel Jacques Dubois, en su libro «Paradojas y misterios de Israel».
Entre los numerosos lugares santos debemos mencionar Nazaret, ciudad recostada sobre las verdes colinas de la baja Galilea, no lejos del hermoso y vasto lago Tiberiades o mar de Galilea. Ahí el turista puede visitar la Basílica de la Anunciación, la Iglesia de San José, donde una cripta señala el lugar en que se cree estaba emplazado el taller del carpintero José; la Iglesia de San Gabriel, con su vista de la Cripta y del Pozo de la Virgen María, cubierta de mármoles policromos.
Ocupando un importante papel en la narración de los Evangelios, se encuentra Ein Karem, una pintoresca aldea, ya mencionada en el Antiguo Testamento, y hoy incorporada a Jerusalem, cuyo nombre significa «Fuente entre las viñas». La notoriedad del lugar en los textos evangélicos estriba en el episodio de la visitación de María a su prima Isabel. Se encuentra en esa población la Iglesia de San Juan Bautista, que pertenece al complejo conventual franciscano del mismo nombre. La primera iglesia surgió hacia el siglo V, así como la Iglesia de la Visitación, construida sobre los restos de un templo del periodo bizantino y de un edificio análogo levantado por los cruzados en el siglo XII.
A sólo ocho kilómetros de Jerusalem, en un idílico paisaje pastoril que ha mantenido casi inalteradas en el tiempo las características geográficas y bíblicas de la edad más remota, se encuentra la ciudad de Belén. Esta pequeña aldea, escalonada sobre la ladera de una rocosa colina salpicada de olivos y cipreses, en la grafía local se le indica como Betlehem. El significado del topónimo sería «Casa del pan», del hebreo Beit Lehem, o «Casa de la carne» de la dicción árabe de Beit Lahm. Belén, ciudad reverenciada por la religión cristiana, impregnada de recuerdos bíblicos y de la narración evangélica. En ese escenario se desarrollaron los hechos descritos en las Sagradas Escrituras, que acercan a hebreos y cristianos, ya que en ese lugar se conocieron las vicisitudes de los progenitores de David, el gran rey, y fue testigo también de la Anunciación, nacimiento de Jesús (del hebraico Jeshua) por parte del ángel. Es en la Basílica de la Natividad, que se encuentra precisamente en Belén, donde está señalado el Altar del Nacimiento de Cristo. Se entra a la basílica pasando a través de la pequeñísima «Puerta de la Humanidad» (1.20 mts. de altura), que permite alcanzar el interior agachándose, casi como si se entrara a una gruta. La fachada de piedra, sin labrar, está encerrada entre tres edificios conventuales, pertenecientes a distintas iglesias cristianas.
Sería largo enumerar todos y cada uno de los Lugares Santos del cristianismo, valga señalar entre otras: Cafarnaun (de la expresión hebraica de Kefar Nahum) donde Jesús predicó y realizó algunos de sus milagros; Tabgha, donde se encuentra la iglesia que recuerda la multiplicación de los panes y los peces, y el monte Tabor, donde se construyó el santuario y Basílica de la Transfiguración.
En Jerusalem se encuentra también el Cenáculo, lugar sagrado para la tradición cristiana, pues se le considera como la sala donde Jesús celebrara la última cena, instituyendo la Eucaristía; Getsemaní, cuyo huerto todavía hoy está poblado de olivos centenarios; la Iglesia de la Asunción, en cuyo interior se custodian las tumbas de los padres de María y de su esposo José, como de la así llamada Tumba de la Virgen. Uno de los lugares más visitados es la Vía Dolorosa o Vía Crucis, un término que definiera el camino recorrido por Cristo, agobiado por el peso de la cruz, desde la Fortaleza Antonia hasta el Gólgota. Todos los viernes por la tarde, los franciscanos guían una devota procesión que lentamente avanza por las calles que fueron testigos de este recorrido hecho por Jesús. Y finalmente mencionaremos el Santo Sepulcro; imponente iglesia que el emperador Adriano hizo construir en el año 135, sobre la colina que albergaba el Sepulcro de Cristo. En la actualidad es sitio sagrado que comparten las comunidades católica romana, ortodoxa griega, armenia, copta, siria y etíope.
En la misma Jerusalem, los seguidores de Mahoma tienen la mezquita de Al-Aksa (o Aqsa), la más grande que puede encontrarse en esa ciudad capital, ubicada al sur del Monte del Templo. Es muy sagrado para los musulmanes, ya que la identifican como la mezquita más alejada de La Meca. Cerca de ésta, se ubica la espléndida Mezquita de Omar, más conocida con el nombre de Domo de la Roca, con su resplandeciente cúpula de oro y en la que se encuentra una roca, donde según su tradición, Mahoma ascendió de allí al cielo para recibir el Corán y es uno de los pocos sitios que sobreviven en la dinastía de los Omeyas. Esta mezquita la consideran la tercera en importancia en el mundo, después de La Meca y Medina. Bajo los musulmanes, Jerusalem fue conocido como Al-Quds, la santa. Existen diferentes versiones acerca de la visita de Omar a Jerusalem, el año 634. Ese fue un conquistador magnánimo, si bien estableció un impuesto especial para los residentes no musulmanes, sus vidas fueron respetadas y sus lugares rituales protegidos.
Existen diferentes versiones acerca de la visita de Omar a Jerusalem y las razones que lo llevaron a limpiar el Monte del Templo -lugar sagrado para los hebreos-, y construir allí un nuevo altar, ampliado posteriormente por uno de sus sucesores para erigir precisamente la Mezquita de Al-Aksa.
Lugares Santos pertenecientes a la Iglesia ortodoxa griega, armenia, católica romana, copta, etíope, siria, etc., se esparcen por Jerusalem y por todo Israel, en un mosaico de iglesias, monasterios, sitios sagrados, tumbas, que hablan claramente de la multiplicidad religiosa y tradicional de esta tierra, reverenciada por millones de seres humanos.
Para el pueblo judío, Jerusalem representa en la mente colectiva, su historia, religión, cultura, literatura, arte, poesía, hasta mística por igual. Desde que el rey David la convirtió en capital de su reino fue, y es, foco y centro de la existencia del pueblo; núcleo de fe y memoria histórica. Muchas guerras se libraron por
Jerusalem. Muchos pueblos la gobernaron, pero solamente Israel la convirtió masivamente en su centro. Y esto sin disminuir en lo más mínimo la importancia que ha tenido para los demás pueblos.
Para los hebreos el fervor religioso tomó cuerpo durante el reino de Salomón, hijo de David, quien construyó el Primer Templo. Es por ello que Jerusalem es Torá, es a la vez fe y plegaria. Vino después la construcción del Segundo Templo de Nehemías, también destruido y luego, dos mil años de diáspora. Durante todos esos siglos, Jerusalem siguió viviendo en el corazón de los hombres y en sus plegarias. Es el centro religioso para todos, sea cual fuere su actitud teológica. Los judíos han dicho sus plegarias con el rostro dirigido hacia Jerusalem; los más piadosos han repetido durante dos mil años, tres veces al día, la oración: «Que vean nuestros ojos tu retorno a Jerusalem» y en el momento culminante, al término del Día del Perdón, la exclamación se repite: «El año próximo en Jerusalem», como una expresión de no olvido, de fervor, de unidad.
En la actualidad, el Monte del Templo denominado Muro Occidental o Muro de los Lamentos, simboliza para los creyentes, y también para muchos que no lo son, la fuerza de la fe, la unidad entre los hombres y su Dios.
En cuanto a la libertad de los Santos Lugares, el gobierno israelí ha reiterado en numerosas ocasiones su decisión de permitir absoluta libertad para visitar los lugares santos de las diferentes creencias religiosas, y a la vez su responsabilidad de mantenerlos en óptimas condiciones posibles, lo que puede comprobarse al visitarlos y recorrerlos.

Continuará…



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