Jerusalem, Tres mil Años de Historia PII - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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Jerusalem, Tres mil Años de Historia PII

Condensados

Jerusalem, Tres mil Años de Historia
Fusiona pasado, presente y futuro
(Segunda de cinco partes)


Por: Sergio Nudelstejer

LA CIUDADELA DE DAVID


El viajero o peregrino que llega a Jerusalem, no puede dejar de visitar la «Torre de David», una ciudadela que se halla en el corazón de la propia Jerusalem, junto a una puerta de la antigua muralla, la Puerta de Yafo, lugar donde coinciden la Vieja Ciudad y la Nueva. Ahí en ese sitio comenzó Jerusalem, ahí continuó su existencia en forma ininterrumpida durante veinte siglos. A este lugar hombres y mujeres de todas las naciones y todas las religiones dirigieron sus añoranzas y anhelos por la Tierra Santa. Es desde ese punto donde se puede contemplar toda esa maravillosa ciudad, en su pasado y en su presente.
La Ciudadela, denominada «Torre de David», ya desde el siglo II antes de la E.C. defendió a Jerusalem contra invasores que llegaron del norte y del oeste, los puntos estratégicos débiles de la ciudad. Dada la importancia defensiva de esta Ciudadela, todos los sucesivos gobernantes de la ciudad se preocuparon por fortificarla y reconstruirla, en un intento de superar a sus predecesores y aumentar el prestigio de la Ciudadela. Desde hace siglos, este lugar representa para muchos el símbolo central de Jerusalem.
Con su victoria sobre los sucesores de Alejandro Magno, Judá, el más famoso de los hijos de la familia de los macabeos, fundó en el siglo II antes de la E.C. la dinastía de los reyes hasmoneos. Fue ese un periodo de prosperidad y florecimiento que se manifestó, entre otras cosas, en ambiciosos proyectos de construcción de Jerusalem, la capital del reino. Los edificios más antiguos de ese periodo, construidos en bloques de piedra tallada con impresionantes dimensiones, son los restos de la muralla y dos torres que constituían, al parecer, el límite oeste de la ciudad en aquellos días. En el patio de la Ciudadela se hallaron también centenares de proyectiles de catapulta, puntas de flechas y piedras de honda, que son posiblemente -como señalan los historiadores- el testimonio del sitio que en el año 132 antes de la E.C., puso a la capital el gobernante de la antigua Siria, Antíoco IV. De la envergadura de las obras realizadas por el rey Herodes 150 años después, nos dan una idea los restos del Muro Occidental y la propia Ciudadela. A su vez, la ciudad fue fortificada por tres gigantescas torres, que se denominan Fasael, Hippicus y Mariamne.
Es precisamente desde el periodo bizantino que a la torre noroeste de la actual Ciudadela se le conoce como «Torre de David», pero de acuerdo a la identificación aceptada hoy en día, ésta es en realidad la Torre de Fasael.
El fin del reinado de Herodes, en el año 4 antes de la E.C, marcó el comienzo de un periodo de luchas intestinas y de revueltas que provocaron entre otras cosas la destrucción de la ciudad. Esta es precisamente la época en que actuó Jesús de Nazaret, la época de la rebelión judía contra Roma y del arrasamiento de la ciudad y la destrucción del Segundo Templo, por las legiones romanas.
Mientras tanto, cabe señalar que en las excavaciones arqueológicas realizadas al pie de las torres que Herodes construyó en la Ciudadela se hallaron indicios de incendio y restos de materiales con que se habían construido las casas, así como tejas y tramos de cañerías de agua, ya hechos de arcilla, que llevaban las marcas de la X legión romana. Todos éstos son testimonios de la conquista romana y la transformación de la Ciudadela en el campamento de la Legión.
La conquista de Roma cedió su lugar a Bizancio, y Jerusalem se convirtió en un foco de atracción para los peregrinos cristianos. Parece ser que la Ciudadela dejó de ser una fortificación militar exclusivamente, y en parte de ella se alojaron sectas de monjes, en edificios de reducidas dimensiones, con pisos de mosaico. Los gobernantes bizantinos reforzaron y reconstruyeron las murallas de la Ciudadela, ya sea sobre las murallas existentes o paralelamente a éstas, usando antiguos bloques de piedra que habían caído de las murallas durante las sucesivas invasiones. Después de Bizancio gobernaron en Jerusalem los árabes, que ocuparon la ciudad en el año 638 E.C. y la dominaron durante 460 años. Los gobernantes árabes construyeron una ciudadela más pequeña con una torre redonda, cuyos restos son visibles hasta el día de hoy, en el patio interior.
Desde el año 1118, la Ciudadela sirvió de sede a los reyes de la Jerusalem ocupada por los cruzados, que hasta entonces habían invadido y residido en los terrenos de la mezquita de Al-Aksa. Los cruzados y los mamelucos construyeron en la Ciudadela una fortaleza compuesta de torres con un gran número de troneras intercomunicadas por murallas, alrededor de un gran patio interior. La Ciudadela estaba circundada por un profundo foso -uno de los elementos defensivos de la época-, atravesando por un puente levadizo de madera. Pero la que hoy puede admirar el visitante no es la de Herodes ni la de los árabes o los cruzados, sino el fruto de la iniciativa de los invasores mamelucos. Fue ésta la única fortificación que quedó en Jerusalem después del periodo de los cruzados, y los mamelucos efectivamente la restauraron en el año 1310. Al parecer, el sultán Nase Muhammad Ibn-Khaloun fue quien la construyó en su forma actual. Durante ese periodo se hallaba estacionada en ella una reducida guarnición militar. En el siglo XVI los otomanos la reconstruyeron y repararon. El más destacado entre ellos, Suleimán el Magnífico, construyó el hermoso portón de entrada en el lado este, tal como lo señala una inscripción grabada en la piedra, sobre el dintel.
Fueron precisamente los turcos quienes construyeron ahí una mezquita, para señalar su paso por esa parte de Jerusalem, cuyo minarete se alza en el lado oeste de la Ciudadela y forma la silueta tan característica de la «Torre de David», cuando en realidad es parte de aquella mezquita hoy sin funcionar.
Durante el periodo del desmoronamiento del imperio otomano, la Ciudadela todavía servía como cuartel militar, aunque su estado físico era deplorable. Los turcos instalaron allí algunos cañones, pero su utilidad era meramente simbólica y servían para fines ceremoniales únicamente. Cuando el emperador alemán Guillermo II visitó Jerusalem en 1898, se ordenó derribar parte de la muralla que conectaba la Ciudadela con una de las puertas de entrada de la misma, la llamada Puerta de Yafo, a fin de permitir al visitante y su comitiva entrar a la ciudad montados en sus cabalgaduras. Con esto finalizó definitivamente todo uso militar de la Ciudadela.
La «Ciudad de David» que dejaron tras de si los invasores turcos al abandonar Jerusalem, al final de la Primera Guerra Mundial, no era más que una pila de escombros y desperdicios. Los nuevos gobernantes británicos, anonadados al comprobar cuan grande era la distancia entre la triste realidad y la «Jerusalem Dorada» que ellos habían imaginado de acuerdo a los libros de oraciones, iniciaron un extenso proyecto de reconstrucción y limpieza de la ciudad y sus antigüedades. Se reinició así una tarea ardua para tratar de devolverle a la Ciudadela parte de su valor histórico.
Después de la reunificación de Jerusalem, en 1967, el gobierno de Israel resolvió establecer el Museo de la Ciudad de Jerusalem, en la propia Ciudadela ya reconstruida y limpia, que hoy en día es el punto donde se encuentran los dos sectores de esa ciudad, la parte antigua y la ciudad moderna que se ha ido construyendo y ampliando a partir de 1948. Las obras de remodelación, restauración y reconstrucción duraron muchos años y para ello se requirieron considerables sumas de dinero. El museo que funciona dentro de la «Ciudadela de David» se abrió al público en general en 1983. Actualmente es un centro cultural y educativo, donde el visitante puede aprender y vivenciar la milenaria y apasionante historia de Jerusalem, en el sitio donde el propio rey David dio vida a esa ciudad.
A lo largo de toda la historia de Jerusalem, la Ciudadela de David ha sido una de sus más poderosas fortificaciones, pues protege la entrada principal a la ciudad desde el oeste. Aunque su intrincada red de escalones, troneras, torres y murallas se construyeron con el objeto de salvaguardarla inexpugnable, la estructura tiene la gracia y elegancia típicas de las obras arquitectónicas realizadas por los mamelucos y los otomanos. Las torrecillas que sobresalen en las altas torres junto a la entrada de la Ciudadela, desempeñaban un papel importante en su defensa de la ciudad.
La Ciudadela se ha asociado siempre en la imaginación popular con la legendaria «Torre de David», evocada en el Cantar de los Cantares (IV:4): «Tu cuello, como la Torre de David, edificada para muestra; mil escudos están colgados de ella, todos escudos de valientes». Aunque no hay suficiente evidencia de que allí haya estado la antigua fortaleza, el nombre se ha mantenido invariablemente hasta nuestros días y es un símbolo de la existencia de Jerusalem, a pesar de todas las conquistas, destrucciones y abandono que ha sufrido a través de la historia de la humanidad.

Continuará...







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