Imaginario Colectivo Ilusorio* - Intelecto Hebreo

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05/07/2018
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Imaginario Colectivo Ilusorio*

Condensados
Imaginario Colectivo Ilusorio *
Por: Jacobo Contente

Fragmento de:
Nani Nani
Música Sefaradí
Prólogo:

 
En 1992, algunos meses antes de conmemorarse -aquí en México- los 500 años del descubrimiento del Nuevo Mundo, el Gobierno Español nombró a la Comisión Nacional para la Conmemoración del V Centenario del Descubrimiento de América, con la finalidad de preparar, programar, organizar, coordinar y ejecutar las actividades destinadas a la celebración de dicho acontecimiento. Al visitar la Comisión española al gobierno mexicano, surgieron varios alegatos de varios historiadores sobre el nombre correcto que debía tener la conmemoración, por lo que la Comisión Mexicana anunció que se denominaría en toda la República Mexicana “Encuentro de Dos Mundos”. Según León-Portilla, algunos asistentes manifestaron su disgusto por la denominación mexicana, pero con ese nombre oficial se hicieron los preparativos en toda Latinoamérica.

A su vez, la Comisión Mexicana del gobierno para la celebración, solicitó a las diversas comunidades de origen extranjero existentes en el país, se unieran a las festividades, incluyendo la comunidad judía, cuya coordinación sectorial la formaban varios miembros que formaban parte del Comité Central; recuerdo que por lo menos en dos ocasiones en que se trató el tema, no se llegaba a una votación en pro o en contra de dicha solicitud, por lo que se determinó que la decisión definitiva y única sería del sector que más estuviera ligado a la historia española y a los sucesos ocurridos en 1492; hasta en su nombre, la Comunidad Sefaradí (denominación de España en hebreo) tenía el peso moral y decisión inapelable, por lo que comuniqué nuestro voto negativo, pues en especial los judíos de origen español no teníamos nada que celebrar y mucho que reclamar.

En agosto del año 2015, el Congreso de los Diputados del Gobierno Español aprobó el Proyecto de Ley que concede la nacionalidad española a los sefardíes descendientes de los judíos expulsados de España en el siglo XV. Dicha norma suprime la necesidad de residencia en España y no exige la renuncia a la nacionalidad anterior. Esta tardía dádiva española realizada a 523 años de la expulsión y 23 años después del V centenario, puede tener varias aristas, algunas políticas y económicas, otras para menguar -de buena fe- un error de los mismísimos reyes católicos y sus travesuras inquisitoriales, o simplemente porque se calcula que las llaves de sus casas -que se llevaron los judíos españoles desterrados con el ánimo de algún pronto retorno-, o ya las perdieron con tanto ajetreo o simplemente se desintegraron con el paso del tiempo.
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