Historias de piratas, corsarios y bucaneros. - Intelecto Hebreo

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06/12/2018
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Historias de piratas, corsarios y bucaneros.

Condensados
Historias de piratas, corsarios y bucaneros.
Por: José Chocrón Cohén
De: “Magén-Escudo” (Caracas, Venezuela)

Fue sólo después de la dinastía de los Asmoneos, cuando el sumo sacerdote Simón (142-134 a.e.c.) anexó la ciudad de Jope o Yafo a sus dominios que los judíos pudieron disponer de un puerto ma­rítimo propio. Igualmente se tienen noticias de que posteriormente, cuan­do el hijo de Simón y sucesor, Juan Hircano (134-104 a e c ), tomó Ashdod, y más tarde, el rey Alejandro Janeo (103-76 a.e.c.) se anexó Gaza y la Torre de Strato (más tarde llamada Cesárea), se constituyó un pequeño grupo de marinos judíos al servicio de la realeza.
       En el siglo I antes de la era común hay evidencia de judíos que combatieron como piratas. En la tumba de Jasón, en Jerusalén, existe un dibujo grabado sobre piedra de un barco de guerra persiguiendo a dos buques mercantes. Sobre la proa del buque de guerra aparece Jasón con un arco y flechas preparado para disparar.
     Ya el historiador Flavio Josefo relataba ataques de marineros judíos tenidos entre los suyos por grandes héroes, quienes partiendo del puerto de Jope (Yafo) atacaban a barcos romanos en pequeñas embarcaciones. Flavio Josefo escribe en su Antigüedades judías que en el año 63 a.e.c., dos líderes judíos, Hirca­no y Aristóbulo, llegaron a Damasco, donde cada uno de ellos defendió ante Pompeyo sus razones para ser nombrado rey de los judíos con preferencia de uno sobre el otro. Duran­te este debate, Hircano acusó a Aristóbulo de organizar actividades relacionadas con la «pi­ratería en el mar».
     En el siglo VI de la era común, cuando el mundo judío ya se de­sarrolla principalmente fuera de Palestina, es decir, en la diáspora, te­nemos testimonios de sacerdotes cristianos que hablan de piratas judíos en la costa del norte del norte del continente africano.
      Un documento clerical del siglo VI que informa acerca de la toma de Cairuán, en Túnez, gran centro de la cultura sefardí en el norte de África, hace referencia a piratas ju­díos que no navegaban en Shabat (sábado), por ser un día sagrado para ellos. Este curioso documento también relata cómo fue captura­do el obispo Sinesio por tales piratas en repre­salia a encarcelamientos que aquel ordenaba contra los hebreos.
      Durante el siglo XII el propio Maimónides, en una carta escrita a su hermano, le advierte a éste que hay embarcaciones piratas de propie­dad compartida por judíos y musulmanes.
          Como consecuencia de la expulsión de los judíos en España en 1492 y posteriormente de Portugal en 1496, estos se dispersaron por varios países. Algunos se establecieron en los reinos moros de Marruecos e incluso en Siria; otros en el sur de Francia o se dirigieron a Ho­landa y las ciudades hanseáticas del norte de Alemania, como Bremen o Hamburgo. Hubo quienes se establecieron en países como Di­namarca, Suiza o Italia. Sin embargo, la gran mayoría de los sefardíes fueron recibidos con gran beneplácito por el sultán Bayaceto II en el Imperio turco otomano, el mayor imperio conocido antes del español.
       Muchos otros judíos permanecieron en España y Portugal bajo una supuesta aparien­cia cristiana (estos judeoconversos son cono­cidos como criptojudíos o marranos) y pos­teriormente se trasladaron a algunas islas del Caribe, como Jamaica, o a colonias españolas y portuguesas en América, tales como Perú, México y Brasil entre otras.
       Las expulsiones de judíos acaecidas a finales del siglo XV en España y Portugal y la posterior persecución inquisitorial contra los marranos incitaba ciertamente a la venganza por parte de las víctimas y ello quizá pueda explicar la adhe­sión a partir del siglo XVI de algunos judíos a la piratería o a las actividades de corsarios, no sólo al servicio de las potencias enemigas euro­peas, tales como Inglaterra y Holanda, sino al servicio de los turcos otomanos.
       Tal es el caso de Sinan Reis, corsario judío nacido en Esmirna, Turquía, quien alcanzó el rango de capitán pasiva (Almirante de la flota turca) entre 1550 y 1553.
       Aliado con el corsario Barbarroja (o Bar-karrosa), Sinan Reis llegó a ser su segundo al mando, y se destacó en combates navales con­tra los enemigos del Imperio Otomano. Entre estos cabe destacar especialmente la Batalla de Preveza, en septiembre de 1538, contra la flota combinada de la Liga Santa, constituida por los Estados Pontificios, España, el Sacro Imperio Romano Germánico, la República de Venecia y la Orden de Malta, al mando de Andrea Doria. Esta victoria aseguró el domi­nio turco sobre el Mediterráneo hasta la Bata­lla de Lepanto en 1571.
           A partir del descubrimiento del Nuevo Mundo, la persecución a los judíos se expan­dió desde la península ibérica a las nuevas colonias americanas y las leyes inquisitoriales fueron aplicadas en éstas con el mismo rigor que en la metrópolis, lo cual explica que hu­bieran expulsados judíos transformados en piratas y corsarios cuyos veloces navíos sur­caban las aguas de Caribe causando preocu­pación y temor a los marinos de la corona de España y su Inquisición en respuesta a la violencia e injusticia cometidas contra ellos y sus familias.
      Corsario o «privateer» era el nombre que se concedía a los navegantes que, en virtud del permiso concedido por un gobierno en una carta de marca o patente de corso, captu­raban y saqueaban el tráfico mercante de las naciones enemigas de ese gobierno.
     El corsario estaba limitado en su acción por la patente, pudiendo sólo capturar mer­cantes de determinados países y teniendo que repartir botín y rescate con el Estado en mu­chas ocasiones. Esta es la principal diferencia con el pirata, que atacaba a cualquier buque sin tener que rendir cuentas a nadie. Francis Drake es un buen ejemplo de esa época. Fue y sigue siendo una figura controvertida: en una época en la que Inglaterra y España estaban enfrentadas militarmente, fue considerado pirata por las autoridades españolas, mientras en Inglaterra se le valoró como corsario y se le honró como héroe.

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