Gabriel García Márquez y su Rembrant mexicano - Intelecto Hebreo

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02/12/2017
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Gabriel García Márquez y su Rembrant mexicano

Etapa Electónica 2
Gabriel García Márquez
y su Rembrandt mexicano.
Por: Becky Rubinstein F.
Su nombre: Enrique Estrada (Tapachula, Chiapas, 1942), artista plástico desde su temprana juventud. Imaginamos que, desde antes de saber leer y escribir, garabateaba las paredes con  lápices y crayolas, sin imaginar a ciencia cierta donde su pintarrajear --palabra que asumo existe o, que habría de existir- lo  conduciría.

Obviamente a la fama, tras prepararse en La Esmeralda, academia de indudable calidad de la ciudad capital mexicana, verbigracia, al Palacio de las Bellas Artes.
                                                            
En dicho magnífico recinto lució su pintura de magnas dimensiones, no menor que su crítica a la tiranía de don Porfirio Díaz, personaje controversial –no menor que su camarilla de positivistas-- que igual genera y generó desamor y hasta odio, por su irrefrenable sed de poder –sus casi cuarenta años como presidente lo justifica- así como admiración, por el legado que lo sobrevive. Colosales son las casonas de la colonia Roma, como los edificios de Telégrafos, de Correos y, como el ya mencionado Palacio de Bellas Artes, –que por la Revolución de 1910 quedó trunco, y luego finiquitado en la era pos-porfiriana-, retratados a conciencia y con enorme vena artística, por don  Guillermo  Kahlo, padre de  la singular Frida… “Friducha” como cariñosamente la llamaba.
                                                                                               
Enrique Estrada –perdido entre el maremágnum de nuestras palabras—buscó expresarse a través de la pintura con Rembrandt como modelo. En una de las paredes de su casa se encuentra, no por casualidad, el retrato del eminente holandés del siglo XVII, maestro del claroscuro, ejemplo de muchos a través de los siglos. Estrada uno de ello.                            

En su hogar cerca  de los embarcaderos de Xochimilco, la denominada “Venecia Mexicana”, en la denominada Noria, Estrada tiene su casa-estudio donde recibe a sus amigos, algunos poetas de la vida; otros, de la poesía tan afín a la pintura y a la escultura, al fin expresión, enunciado y verbo, artes  bien amadas por Enrique, discípulo del controversial artista plástico David Alfaro Siqueiros.

Un día en su casa-estudio de alta techumbre, donde los retratos de famosos –como el del eminente chelista Carlos Prieto, entre muchos otros-- han surgido a la vida, relató una de sus vivencias, hoy día  accesible a los medios, relativo a Gabriel García Márquez –oriundo de Aracataca-- quien eligió a México como su segunda patria, donde se desempeñó como autor de “garra”, y donde terminó sus días.                                                                           
Cuenta que te cuenta, contó sobre el retrato del Premio Nobel, símbolo de su amistad y muto cariño y respeto,  que envió a  su  casa en la Villa de Coyoacán y que fue recibido en su ausencia por la servidumbre. Quizá andaba en unas de sus giras; quizá se encontraba en su casona en la  Cartagena colombiana, que hace años visitamos  y que complementó la visita al edificio de la Inquisición  de la  entonces Nueva Granada, donde se impartía justicia --de acuerdo  al  modelo  imperante- como  se relata en La Gesta   del marrano de la pluma del judeo-argentino Marcos Aguinis- época restrictiva que castigaba lo mismo a blasfemos, bígamos que a judaizantes recalcitrantes, como al galeno Maldonado da Silva, cuya  vida singular recrea el novelista  con papel,  tinta y -valga el juego retórico- con vasta inquisición.
                                                                                                             
Calidez y ráfagas de aire puro y revitalizador   respiramos alguna vez en la casa de verano de don Gabriel en contraste al de  la casa inquisitorial donde el rigor  venció a la misericordia. Valga la digresión para sacar a colación  el refrescante viaje a Cartagena, donde  fotografías del dueño y amo de casa junto a los cuidadores de su casa-museo, dan la bienvenida a las oleadas de gente, ansiosa de compenetrarse con el ambiente del autor de Cien Años de Soledad y de El amor en tiempos de cólera, entre las preferidas de Enrique Estrada, al parecer, lector acucioso y pasional, además maestro de la pintura y la escultura sin igual: nada parecido -a nuestros ojos- se encuentra en el mercado del arte.                                                                                                   
Nos quedamos en que en su ausencia, el retrato realizado por Estrada fue recibido, como se recibe un regalo. ¡Y qué regalo!Cuando Gabriel García Márquez se encontró con el retrato, sin exagerar, “a la Rembrandt”, se cuenta que dijo: “El del retrato se parece más a Gabriel García Márquez que a mí”.  Verdad o mentira, o mera leyenda, tal vez dijo: “Este retrato me sobrevivirá y me sobre morirá”.  

Tristemente enfermo de un cáncer terminal, recibió una muestra de afecto de quien anhelaba inmortalizar sus rasgos  y brindarle una muestra de alegría en días aciagos, cuando con “garra” luchó por la vida y en contra de  una inapelable sentencia de muerte.
                                                                                                          
La obra de arte llegó, eso se cuenta, gracias a una amiga en común. El retrato estaba acompañado de una carta… ¿Qué estaba escrito?

Enrique Estrada, además de un retrato, digamos “pintado”, dibujó con palabras a Gabriel. Hombre de bromas, lo consideraba humilde y siempre sonriente, poseedor de gran carisma y de una actitud positiva ante las adversidades.    
                                                                                            
De lo anterior concluimos una sentencia inapelable:
“El arte y la bonhomía logran reunir a los artistas
de buena voluntad.
Fuente:                                                                                                    
Maribel Arredondo.
https:// www.debate.com.mx/ Enrique. Estrada -García- Márquez-era-un-hombre-serio-20140516-0109.htmI
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