En las fuentes de la Biblia - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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En las fuentes de la Biblia

Etapa Electónica 2
En las fuentes de la Biblia
Por: Max Bery
"Embarca contigo especímenes de todos los animales...
Durante seis días y siete noches, huracanes, aguaceros y diluvios
siguieron destrozando la Tierra".
Cada uno habrá reconocido esta descripción del Diluvio y sin duda a primera vista estaría tentado de ver en ella un pasaje del Génesis. Sin embargo estas frases no figuran en la Biblia. Están extraídas de la Epopeya de Gilgamesh, relato asirio, inspirado por mitos todavía más antiguos, del siglo 17 antes de nuestra era. El héroe de la epopeya, Gilgamesh, después de haber presenciado la muerte de su amigo Enkidu, se va a la búsqueda de la planta de la vida. Encuentra entonces a Utanapishtin, verdadero doble de Noé, quien le explica como logró escapar del diluvio organizado por los dioses, cansados del ruido ocasionado por los hombres, como lo precisa el mito sumerio de Atrahasis.

Al lograr descifrar, en diciembre del 872, las tabletas descubiertas en la biblioteca de Asurbanipal en Nínive, y reconociendo en ellas una versión del relato del Diluvio, el joven asistente del British Museum, George Smith reveló así al mundo que la Biblia tenía antecedentes y que no era una obra prima. Al contrario, se inscribía, desde luego por medio de múltiples y sustanciales arreglos, en una tradición literaria, ya antigua, al momento de su redacción.

Podría uno multiplicar los ejemplos y cada vez se impone una evidencia: la Biblia no es en forma estricta, una obra original. El texto bíblico ha sido fabricado con material de recuperación. Ha sido penetrado por textos anteriores y ha tomado mucho prestado de sus predecesores. Después de todo, lo esencial del Génesis se elaboró en el exilio, en Babilonia, después de que el reino de Judá cayera en poder de Nabucodonosor, en 539 antes de nuestra era. Y el redactor de la Biblia ha sido sin duda impregnado y penetrado por las narraciones babilónicas, frutas de una larga tradición remontándose a Sumer, al punto de copiar algunas partes. Así que no es sorprendente que a la lectura de la Biblia se distinga, entre las líneas y a veces en las líneas mismas, rastros de escritos más antiguos.

Regresando al texto del Génesis se puede apreciar el trabajo de reescritura que presidió a su redacción "Dios se dirigió a Noé y le dijo: de cada especie de pájaros, de cada especie de animales, de cada especie de todos los bichos del suelo, una pareja vendrá contigo para que las mantengas en vida. Después las aguas del Diluvio llegaron sobre la Tierra, la lluvia cayó sobre la Tierra durante 40 días y 40 noches."

Comparando ambos textos podría uno hablar sencillamente de un plagio, ya que las similitudes son evidentes. En ambos casos se encuentra la imagen de la paloma soltada para la búsqueda de una tierra emergente. Todo el relato diluviano de la Biblia es un eco, apenas deformado de la "Epopeya de Gilgamesh", y eso hasta su final. Por un lado "Noé construyó un altar a Yahvé, tomó de todos los animales puros y de todos los pájaros puros y ofreció holocaustos sobre el altar" y "Entonces hice un banquete para los dioses, preparando la comida en la cima de la montaña" y también "Yahvé respira el agradable olor" y "los dioses husmeando el buen olor se juntaron como moscas alrededor del ordenador del banquete"

La retoma por la Biblia de mitos diluvianos anteriores no hace por lo tanto ninguna duda y en el mito babilónico de la creación del mundo, hay también similitudes, aunque más sutiles.

Sin embargo si no hay duda que el redactor del Génesis, a la sazón exilado en Babilonia, ha sido fuertemente influenciado por relatos mesopotámicos, como la imagen de la serpiente engañadora, eso no le impidió reaccionar a algunos de ellos. No tomó por ejemplo el mito de la creación del hombre por Marduk, a partir de la sangre de Kingu, dios traicionero vencido por el dios supremo que dio su nombre al gran templo de Babilonia. Tampoco quiso retomar la imagen, descrita en el poema de Atrahasis, de un hombre creado para "portar la canasta del dios". Al contrario fraguó una visión totalmente distinta del hombre. Este, en efecto, se creó a la imagen de Dios. "Dios dice: hagamos el hombre a nuestra imagen y que domine los peces del mar, los pájaros del cielo, los bichos, todos los animales salvajes y todas las bestias que se arrastran sobre la tierra."

Por otra parte la Biblia no se contenta únicamente de reutilizar imágenes o figuras impuestas por culturas más antiguas. Retoma también las interrogaciones fundamentales. Se nota en especial con el tema del justo sufriendo, en el libro de Job. Este, hombre rico, feliz y provisto con una descendencia abundante, se ve de repente abrumado por todos los males: mueren sus hijos, pierde su ganado, su esposa se mofa de él y se enferma. La fe de Job está así puesta a prueba, bajo la instigación de Satanás. El libro de Job se presenta como una verdadera interrogación sobre la condición humana, sobre la desgracia del hombre, sobre el sentido del mal y su compatibilidad con la fe. ¿Se trata de una prueba de teodicea: puede uno conservar la fe cuando el más justo de los hombres esta abrumado por todas las desgracias, cuando los más impíos prosperan? ¿Puede uno quejarse con Dios, inclusive reprocharle y rebelarse contra él y denunciar la injusticia divina? Todas estas preguntas y todos estos problemas teológicos no son inventos bíblicos. Se encuentran rastros en la literatura sumeria y akadia. La Queja de Urnammou, hijo del último rey sumerio, cerca de su muerte prematura y en contradicción con las promesas de los dioses An y Enlil, 21 siglos antes de nuestra era, ya reza en este sentido: "En cuanto a mí, mal me han tratado. Servía muy bien a los dioses, les aseguré noble prosperidad. Sin embargo ninguno me ha socorrido, ni apaciguado mi corazón... yo que servía a los dioses noche y día no he sido recompensado por mis esfuerzos". La piedad no es suficiente para alejar la desgracia y garantizar la felicidad.

En esta puesta en escena del justo sufriendo, de sus dudas, sus interrogaciones, sus dilemas, se reconoce una figura familiar de la literatura sumeria-akadia. Pero el texto bíblico no puede retomar integralmente y sin arreglos las figuras sumerias. El marco de estas interrogaciones ha cambiado fundamentalmente y, por consiguiente el sentido del mal también. Se puede, desde luego ver en la alusión a Satanás una reminiscencia de los demonios sumerios. Estos demonios estaban inicialmente encargados de ejecutar los castigos dictados por los dioses; después, en el transcurso del primer milenio, adquirieron una cierta independencia y su crueldad gratuita se ejercía sobre él que ya no estaba protegido por los dioses.

El Satanás bíblico, si hace prueba del mismo sadismo y la misma voluntad de infligir el sufrimiento a los hombres como los demonios, les es sin embargo bastante alejado. Para empezar el redactor de Job ha sustituido la multiplicidad de los demonios por la unicidad de Satanás, lo que indica el movimiento de la reducción de la pluralidad y la imposición al monoteísmo. Mas todavía es impensable presentar la acción de Satanás como la consecuencia de una retractación divina. Es pues, de acuerdo con Dios que Satanás pone a Job a prueba, porque es imposible que Dios no sepa, no vea y que finalmente no lo quiera así. Por lo tanto el problema del mal y más todavía él de la desgracia aparentemente injustificada, se vuelve más complejo en el marco del monoteísmo, o la pregunta se vuelve más peliaguda. ¿Cómo entender el mal si Dios lo quiere así?

El hecho que la Biblia pueda ser leída como una relectura de los mitos anteriores,
no le quita en nada su novedad tan radical, ni su profunda originalidad.

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