El último de los Camondo - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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El último de los Camondo

Etapa Electónica 2
El último de los Camondo
Les llamaban los Rothschild del Oriente.
 
Por: Max Bery
 
En la calle Monceau en París, pegado al parque del mismo nombre, hay un soberbio "hotel" privado, hoy día transformado en museo: el de Moisés y Nisim de Camondo. Nombres magníficos, representativos de la aristocracia judía parisina, donde se codeaban, a fines del siglo XIX, los Rothschild, los Pereire, los Fould y los Cahen d'Anvers, toda una sociedad escapada de las páginas de Proust, quien se encontraba en las cacerías, los clubs y los consejos de administración, compitiendo con la magnificencia de sus castillos, hoteles privados y colecciones de arte.
El museo es la reconstitución de una residencia aristocrática del siglo XVIII. Presenta un conjunto de muebles, cuadros, alfombras, porcelanas y orfebrería, uno de los ejemplos más perfectos del arte decorativo en Francia de aquel siglo. Esta colección fue legada en 1935 a Francia por el Conde Moisés de Camondo, en memoria de su hijo Nisim, muerto en combate en 1917.
La familia, originaria de Turquía vivió la vida brillante de un París tan fútil como la de hoy día, pero con un brillo muy propio. Fue probablemente la familia judía más poderosa de Francia, entre el Segundo Imperio y la Segunda Guerra Mundial. El apellido era sinónimo de altas finanzas, eran los proveedores de fondos de la corte otomana antes de volverse importantes banqueros parisinos. Fueron también conocidos por sus acciones filantrópicas y sobre todo por su papel de mecenas.
Los ancestros procedían de España. En 1492 tuvieron que huir y se dirigieron naturalmente hacia la Navarra, Portugal e Italia, poco después alcanzados por los marranos. Más adelante se dividieron en dos grupos: una minoría escogió África del Norte y una mayoría el imperio de la Sublime Puerta, pasando por Italia. Los Camondo fueron de este último grupo.
Durante los dos o tres siglos posteriores no se supo mucho de los Camondo. Parece ser que se pasearon mucho entre la República de Venecia, el puerto de Trieste, la Viena de los Habsburgo y el imperio otomano.
Abraham de Camondo (1781-1873) fue el verdadero fundador de la dinastía. Al principio del siglo XIX, en Estambul estableció la fama de gran negociante, gracias a sus relaciones con el imperio bizantino.
Bajo el imperio de Selim III se cambió el estatuto de los judíos turcos, que garantizaba a los no-musulmanes cierto tipo de protección. Gracias a esta libertad los Camondo se volvieron rápidamente los "sarafs", banqueros de todos los dignatarios del Imperio. Paralelamente a estas actividades financieras construyeron un verdadero imperio inmobiliario en el barrio de Galata, debido a que la mayor parte de los inmuebles hipotecados, garantizando los préstamos del Banco, no pudieron ser rescatados por sus propietarios, que resultaron ser insolventes.
Abraham Camondo se volvió el banquero del Gobierno Otomano y financió las necesidades del Imperio durante la costosa guerra de Crimea (1853-1856). Fue consejero del Príncipe, banquero del Sultán, influyente con los visires y mensajero de la Sublima Puerta.
Su generosidad no tenía límites. Escuelas, sinagogas, dispensarios, hospitales, pocos eran los establecimientos que no tenían el sello de los Camondo, no solamente en Estambul, sino también en Esmirna, Salónica y más allá todavía.
Sin embargo los pleitos con los judíos conservadores que le acusaban de fomentar la cristianización de los niños a través de una educación laica, y que hasta trataron de excomulgarlo, la muerte de su única nieta a la edad de 30 años, después la de su esposa y finalmente la de su único hijo a los 56 años, le incitaron a dejar Estambul por Italia, ya que también había financiado la unidad italiana.
En 1861 Víctor Emanuel II fue proclamado rey de la Italia unificada. Cuatro años después de su llegada a Venecia, Abraham y toda su familia adoptaron la nacionalidad italiana. En 1867, fecha de la incorporación histórica de Venecia al reinado del patriarca, el "signore Camondo Abramo Salomone" se volvió Conde de Camondo, por decreto real. A los 89 años, pasó el mando a sus dos nietos Abraham y Nisim, quienes decidieron transferir el banco familiar a París.
El patriarca murió en 1873, a los 93 años. Tuvo dos entierros, el primero en París, el segundo en Estambul, diez días después. Y se puede decir que desde la llegada de los judíos a Turquía seis siglos atrás, nunca ningún judío tuvo honores póstumos de esta magnitud.
La Francia que descubrieron los Camondo era un país maravilloso para un banquero y para un judío. Uno de cada cuatro banqueros era judío. Los Pereire, los Rotschild, los Fuld y los Cahen d'Anvers eran los financieros más audaces y vivían una edad de oro. Por otra parte Francia fue el primer país en emancipar a los judíos y no había ninguna ley escrita que distinguiera cristianos de judíos.
En poco tiempo los Camondo se integraban a este mundo de la alta finanza y controlaban los grupos operadores de cementos, ferrocarriles, de crédito, de metales y decenas más. Pero las altas aspiraciones sociales en nada alejaron a los Camondo del judaísmo. Los dos primos tenían su lugar en los consejos del Consistorio, de la Alianza Israelita Universal, de la sinagoga y muchas instituciones más, como la Sociedad de Estudios Judaicos, al lado del Barón de Rothschild. Mantenían intacta la tradición de caridad que el venerable abuelo les había pedido respetar más que otra cosa. Satisfacían llamadas que venían esencialmente de las comunidades de Turquía, de Palestina y de los Balcanes.
1889 fue un año negro para los Camondo: en pocos meses desparecían los dos jefes. Primero Nisim, después Abraham; los dos de una enfermedad pulmonar. Quedaban únicamente dos Camondo, Isaac y Moisés para asegurar el relevo en los negocios. Eran primos, pero todo el mundo les consideraba como hermanos
A pesar de las tempestades que se desataron sobre Francia al final del siglo XIX y el principio del XX, el "Affaire Dreyfus", el escándalo de Panamá y las campañas violentamente antisemitas de Drumont (La Francia Judía), los dos primos lograron mantener su estilo de vida levantino.
Isaac, el dilecto amigo de los impresionistas y coleccionista empedernido, dejará al museo del Louvre unas cincuenta obras de arte de Degas, Monet, Manet, entre otros artistas, que constituyen una de las más importantes donaciones privadas recibidas por este museo. A su generosidad se debe la construcción del teatro de los Campos Elíseos, el non plus ultra parisino de la música lírica. Su primo Moisés, construirá el extraordinario museo Nisim de Camondo, enteramente consagrado al arte del siglo XVIII.
Sin embargo la tragedia envolvió la vida de esta familia tan poderosa. Isaac nunca se casó y murió en 1911. Moisés se divorció en 1901. De su matrimonio en 1891 con la hija de Cahen d'Anvers, otra de las grandes familias de la alta finanza y de la aristocracia judía, tendrá dos hijos: Nissim, nacido en 1892 quien se enlistará en la aviación al principio de la primera guerra mundial. En 1917 su avión fue abatido encima de las líneas alemanas. Su hermana Beatrice, nacida en 1894 se casó con León Reinach, es deportada con su marido y sus dos hijos a Auschwitz en 1943. Nadie regresó. Moisés de Camondo murió en 1935.
En París el cementerio de Montmartre alberga un modesto mausoleo. En la Avenida Cordier, camino de los Israelitas; en el frente una sencilla frase: "Famille Camondo". En el interior del monumento funerario, detrás de una sólida puerta verde en la cual está esculpido un candelabro de siete brazos, tres generaciones de féretros descansan bajo sus placas conmemorativas. A la entrada del cementerio, en el índice de las celebridades, no se menciona ningún Camondo.
Sic transit gloria mundi.
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