El Pontífice de Hitler - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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El Pontífice de Hitler

Etapa Electónica 2
El Pontífice de Hitler
 
Por: Danielle Wolfowitz
 
Bajo este título, el escritor católico John Cornwell presenta la investigación que inició con el afán de exonerar al Pontífice Pío XIl de los reproches que se le hicieron por su desconcertante silencio frente a las atrocidades de los nazis y de sus secuaces contra los judíos y otras minorías de Europa antes y durante la Segunda Guerra Mundial. El autor confiesa que al estudiar los archivos para defender a Su Santidad, encontró testimonios tan abrumadores que convirtieron su propósito inicial en una acusación implacable contra este sumo sacerdote.
Desde su juventud, Eugenio Pacelli tuvo la obsesión de extender el poder de la Iglesia Católica Romana sobre el mundo entero, centralizando el mando universal desde Roma. Esta obsesión lo llevó primero a esfuerzos considerables por establecer en 1913 un Concordato entre la Santa Sede y las provincias de la futura Yugoslavia. Este concordato exacerbó las tensiones ya muy graves entre el poder dominante austro húngaro católico y los grupos eslavos ortodoxos y rebeldes de esa región. Contribuyó, cuando un rebelde ortodoxo asesinó al católico Duque Fernando, a desencadenar la Primera Guerra Mundial. Al ser enviado a Alemania como representante del Vaticano, el Nuncio Pacelli se desvivió por aliviar la situación deplorable de los prisioneros de guerra, trabajando abnegada e incansablemente para ellos. Al terminar la guerra, el Cardenal centró sus preocupaciones en la lucha contra el comunismo, lucha extendida ulteriormente al área por él denominada el Triángulo Rojo, integrado a la sazón por la Unión Soviética, México y España. Este temor obsesivo lo llevó a apoyar las fuerzas más reaccionarias de Alemania, y otorgó ingenuamente su apoyo total a Hitler. Esta actitud ahogó la fuertísima oposición católica al ascenso de ese dictador. La gran culpa que la Historia le atribuye es precisamente el haber paralizado la vigorosa oposición católica al nazismo, ya que sin las directivas e imposiciones de Eugenio Pacelli, el régimen nazi nunca habría llegado al poder. Esa aberración es tanto más grave que el Cardenal Pacelli dirigía entonces la política exterior del Vaticano. Por esa actitud, las tardías protestas del Papa Pío XI contra el nazismo, el fascismo y el antisemitismo permanecieron prácticamente en letra muerta.
Al desencadenarse las salvajes persecuciones contra los judíos, el futuro Papa prefirió cerrar los ojos y declaró junto con otros sacerdotes alemanes, austríacos y checos que no había que preocuparse por los judíos, ya que ellos eran capaces de defenderse solos.
El Cardenal Pacelli fue elegido Papa en 1939 y adoptó el nombre de Pío XII. Durante la Segunda Guerra Mundial sus simpatías fueron notoriamente a favor de Alemania. Hitler, su gabinete y sus aliados aprovecharon muy hábilmente la actitud de Pío XII para manejarlo a su antojo como peón de ajedrez en el tablero de la política bélica.
Además, Pío XII apoyó sin reserva a los Ustashi croatas católicos, que cometieron tantas atrocidades contra la población no católica de Croacia, que hasta los nazis se espantaron de esos crímenes. Pío XII se negó a censurarlos y recibió siempre con beneplácito a sus representantes en el Vaticano. En Croacia, los sacerdotes católicos, de acuerdo con los Ustashi, prohibieron el bautizo de los ortodoxos al catolicismo para escapar a una muerte horrenda, sin hablar del maltrato deparado a los judíos. Durante la redada de la Gestapo contra los judíos de Roma, que acabó con toda esa población al deportarla a los campos de la muerte, (después de haberles prometido respeto a cambio de un rescate por 50 kgs de oro, que cobraron y luego pasó a Alemania), el silencio del Papa fue aterrador.
Se alega, en su defensa, que los nazis, todopoderosos a la sazón en la Europa ocupada, podían haberlo destruido fácilmente ante cualquier protesta de él, y que, informado de las amenazas que lo rodeaban, prefería actuar en secreto para salvar en forma personal y privada a los judíos y otros perseguidos que podía rescatar. Empero, como gracias a los nuevos medios de comunicación, la Iglesia Católica era y sigue siendo más poderosa que nunca, cualquier protesta del Papa en aquella época habría tenido eco entre los mil millones de fieles que le seguían.
Aunque el autor condena al Papa Pío XII por su ceguera ante la realidad y el apoyo que otorgó a las dictaduras nazi, fascista y franquista, se han levantado voces para defenderlo. Cuando falleció, la entonces Primer Ministro de Israel Golda Meir declaró que había brindado todo el apoyo posible a los judíos. Un historiador israelí escribió que Pío XII logró salvar, mediante gestiones secretas, la vida de 850 mil judíos.
Este controvertido pontífice tuvo al morir un sepelio digno de las figuras más famosas de la Historia. Sus partidarios han iniciado un proceso de beatificación y santificación a su favor, mientras sus detractores lo condenan irremisiblemente. Lo único que se puede opinar ante esta enigmática, austera y atormentada figura es que va a ser sumamente difícil descubrir el móvil que guió su vida.
El autor vitupera a Pío XII como elemento retrógrado de la Iglesia y por haber contribuido a ahondar las divisiones que amenazan hoy a la Iglesia Católica Apostólica y Romana. En efecto, el Papa Juan XXIII procuró en sus encíclicas y Vaticano II aliviar las heridas provocadas por el antisemitismo histórico de la Iglesia Católica, y abrir paso al movimiento liberal en el catolicismo (sacerdotes-obreros en Francia, teología de la liberación en América Latina). Desafortunadamente, los sucesores del Papa Juan XXIII muerto prematuramente, cerraron nuevamente el criterio católico apostólico romano, debilitando gradualmente las innovaciones tan positivas de Vaticano II. Hoy el Papa Juan Pablo II, bajo su apariencia tan afable e informal, sigue en realidad la línea reaccionaria trazada por Pío XII, ignorando las profundas y peligrosas divergencias que existen entre los fieles de la Iglesia Apostólica Romana.
 
 
Hitler's Pope, The Secret Life of Pius XII
by John Cornwell
Publisher: Penguin Books 2000
PONTIFICE DE HITLER
(Nota)1 hubo en efecto un proyecto de secuestro del Pupa. Fue abandonado por consejo del enviado nazi quien afirmó que tal acto provocaría un levantamiento de toda la población católica de Italia.
 
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