El Misterio del Bolero - Intelecto Hebreo

Son las:
03/11/2017
Vaya al Contenido

Menu Principal:

El Misterio del Bolero

Etapa Electónica 2
El Misterio del Bolero
¿Quién cobra los derechos de la obra de Ravel?
 
Por: Max Bery
 
No obstante el compositor murió hace 67 años su obra no ha llegado a ser del dominio público. La explotación de esta obra representa más de 2 millones de dólares por año. Gracias a una encuesta minuciosa de la revista francesa "Le Point" se pudo seguir el circuito de lo que es aparentemente un cuento de hadas.

Ravel muere sin dejar descendencia, en 1937, y su hermano Eduardo queda como su único heredero. Pero este hermano, en vez de aprovechar lo que hubiera representado una fortuna, se concentró en sus propias actividades. Eduardo Ravel era un empresario que trabajó sin cesar hasta que se jubiló. Una vez que se liberó de todos sus compromisos empezó a dedicarse de lleno a perpetuar la memoria de Ravelito, como le llamaba cariñosamente, ya que medía apenas 1.55 metros. Lo primero que hizo fue transformar la casa donde había vivido el compositor en un museo. Pero algo fatal ocurrió. En 1954 Eduardo Ravel y su esposa sufren un accidente de coche, camino al santuario de Lourdes. Debido a todas sus fracturas ambos requerían de curaciones sumamente delicadas, pero sobre todo de masajes.

Contrataron una enfermera Jeanne Taverne, que se instaló en la villa Mayatsa, la casa de los Ravel, con su marido, un ex-minero y también excelente peluquero, que les sirvió de chofer. Con el tiempo se volvieron indispensables, pues el flamante chofer también se encargaba de los tulipanes de Madame Ravel, y llevaba todas las mañanas el desayuno a la cama del matrimonio. La enfermera cocinaba deliciosos soufflés de berenjena y aplicaba unos masajes maravillosos a su patrona.
Una tarde de octubre de 1956 Madame Eduard Ravel despertó de su siesta con un terrible dolor de pecho y dos horas después de una agonía muy dolorosa dejó este mundo.

Un año después de la muerte de su mujer Eduardo viaja a París. Allí, en la Ciudad Luz tenía cita con un notario muy importante. Finalmente se había decidido a ceder a la "Ville de París" el 80% de los derechos de la obra de su hermano. Había una condición. Todo el dinero que redituaba este porcentaje tenía que ir a una fundación de un Premio Nobel para la música. Al otro día, como agradecimiento por este gesto tan generoso el municipio de París organizó una enorme fiesta en el Hotel de Ville, y se escuchó el Bolero en todos los restaurantes y por todas las estaciones de radio.

De repente, inexplicablemente don Eduardo cambia de parecer y decide que los derechos para la obra de su hermano serán para la devota y abnegada Jeanne Taverne.

La noticia cayó como bomba, provocando un enorme disgusto. Las autoridades de la Ville de París no le podían creer. La prensa se preguntaba quién era esa Jeanne y que atributos merecedores tenía para haber hecho cambiar de opinión a su amo. Tanto la opinión pública como el único sobrino de Maurice Ravel no alcanzaban a entender lo que realmente había sucedido. De ahí que en 1961 empezara un proceso, por parte del sobrino, para rescatar lo que creía que le pertenecía a él y no a esa extraña pareja de empleados domésticos, los cuales lo único que habían hecho era lavar el cerebro de un patrón demasiado viejo y cansado para tomar ese tipo de decisiones. Pero el destino de los derechos de autor de la obra de Maurice Ravel ya había tomado un curso muy distinto.

En 1964 muere la causante de todo este lío, Jeanne Taverne. Su marido Alexandre quedó como el único heredero. Unos meses después de la desaparición de su mujer este conoce a una joven, se enamora y se casa con ella. Dicen que la convenció gracias al Bolero, el cual le cantaba todas las noches, al mismo tiempo que la masajeaba de los pies a la cabeza. Tanto la masajeó que, del esfuerzo el pobre riquísimo Alexandre se muere en 1973. Los derechos de Maurice Ravel pasan a las manos de la joven de ojos claros, Georgette, en este entonces riquísima viuda de Taverne.

A partir de este momento la herencia del compositor cambia de mano en mano, manos no legales, manos de personas de mala fe manos usureras y oportunistas y, finalmente manos que no dejan de exprimir una fortuna colosal.

Según las estadísticas de la SACEM, lo que corresponde a la SOGEM en México, el Bolero se encuentra a la cabeza entre las 10 composiciones musicales más conocidas y exportadas en el mundo. Una vez cada 4 horas se escucha el Bolero en alguna parte del planeta. La primera vez que se escuchó esta espléndida obra fue un 22 de noviembre de 1928. A partir de este momento esta obra se convierte en un himno del deseo y de verdadera exaltación erótica. El Bolero no pasa de moda y ha resistido al tiempo como ninguna otra composición. Pero más que derechos de autor, más que todo ese dinero que se ha venido acumulando a lo largo de los años, lo más importante es la sublime herencia musical que Maurice Ravel le ha dejado a la humanidad.

Regreso al contenido | Regreso al menu principal