El Festín de Baltasar - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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El Festín de Baltasar

Etapa Electónica 2
El Festín de Baltasar

Por: Laura Schwartz, Buenos Aires, Arg.
09-07-15
Óleo sobre lienzo, 209cm x 167cm realizado por  Rembrandt Harmenszoon van Rijn
en 1636. Se conserva en la National Gallery de Londres.

Este cuadro representa un pasaje del capítulo quinto del Libro de Daniel del Antiguo Testamento, donde se narra un fastuoso banquete celebrado por el rey Baltasar de Babilonia, donde señores, sus esposas y concubinas brindan por dioses paganos tomando vino en copas de oro y plata saqueadas por Nabucodonosor, padre de Baltasar, del Templo de Jerusalem.

En ese momento, aparece una misteriosa mano en el aire que escribe sobre la pared palabras en hebreo: “Mene, Tekel, Upharsin”.

El esclavo Daniel fue llamado para descifrar el enigma, expresando el siguiente significado:
Mene; contó Dios tu reino,  y lo ha rematado.
Tekel; pesado has sido en balanza y fuiste hallado en falta.
Upharsin; tu reino ya ha sido destruido y será  dado a Medos y Persas. 
Esa misma noche fue muerto Baltasar y Darío de Persia tomó el reino.

El mensaje en letras hebreas y su disposición, fue trazado por Samuel Manasés ben Israel , un vecino y amigo de  Rembrandt, que fue rabino, escritor, diplomático y editor judío de origen portugués.

En el siglo XVII, muchos judíos sefardíes, expulsados de España y Portugal se asentaron en la calle hoy llamada Jodenbreestraat ('calle Mayor Judía') de Ámsterdam. En 1639  Rembrandt compró casa en este barrio judío-portugués. La temática bíblica era poco común en el arte holandés, pero Rembrandt supo hallar inspiración en estos textos ya que había estudiado pintura con Pieter Lastman, especialista en temas bíblicos y mantenía su amistad con el sabio y cabalista judío Samuel Manasés ben Israel.

Rembrandt pintó una treintena de cuadros inspirados en estos temas, donde presenta una versión realista y maravillosa, de la búsqueda de respuestas que se plantea el hombre una vez lanzado a su propio destino. Evidentemente Rembrandt quiso manifestar el concepto de la fe que no se ve y no se toca a través de simbolismos profundos. De ahí que su obra es de carácter religioso e inseparable del misterio.

Por lo tanto en Rembrandt, el fenómeno estético se acompaña de una consideración ética. Si bien Rembrandt es único, ubicado aparte de la escuela holandesa del siglo XVII, se puede considerar su estilo, como barroco en lo que se refiere a la plasmación de emociones intensas de los personajes que representa en su obra y a determinados detalles estratégicamente presentados. El dinamismo en su obra se despliega a través de polaridades estéticas magníficamente equilibradas, como son lo natural y lo sobrenatural, la luz y la oscuridad.
El festín de Baltasar
Rembrandt muestra, desde este mensaje bíblico una realidad que está manifestando la existencia de Dios. Lo primero que atrae al observador  de este cuadro, es la luminosidad y joyería de Baltasar con turbante y corona, abrigado con un manto dorado adornado con piel. Y luego, el impacto que provoca la claridad de la escritura sobrenatural que aparece en el ángulo superior derecho y que desencadena el dinamismo de la escena.

Baltasar se incorpora de pronto atemorizado alzando el brazo izquierdo para protegerse de la luz que emana de la escritura sostenida por la mano, y busca un punto de apoyo estabilizador  con su mano derecha sobre la tapa de una bandeja que está sobre la mesa y vuelca una copa con vino.

Rembrandt crea con una capacidad extraordinaria el dramático momento que vive Baltasar. La expresión de espanto que siente al concentrar su mirada en la misteriosa escritura es superlativa. En este cuadro no se captan cualidades sueltas sino que todo es unidad, todo es simultáneo. El escorzo logrado por Rembrandt en la figura femenina de rojo -a la izquierda de Baltasar- es magistral. Parece que el pánico la hace caer de la silla y salir de la pintura con los brazos en actitud defensiva ante la impresionante escritura, al tiempo que vuelca el contenido de la dorada copa que sostiene en su mano. 

En la izquierda del cuadro se ven cuatro personas. En dos de ellas, la expresión de sorpresa, desconcierto y temor las paraliza. De espaldas una figura femenina queda observando la reacción de los comensales. Finalmente entre las sombras, la cuarta figura, una joven tocando una flauta.

La grandeza de Rembrandt es una capacidad extraordinaria para crear y mostrar los grandes dramas humanos. Su arte está representado por el dominio del contraste entre luz y oscuridad y la calidad pictórica. Todo está plasmado de tal modo, que la unidad, lo bello, lo bueno y lo verdadero, brillan juntos.
    Rembrandt Harmenszoon van Rijn

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