El deseado magnicidio del Führer - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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El deseado magnicidio del Führer

Etapa Electónica 2
 El deseado magnicidio del Führer
 
Por: Jacobo Contente
 
 
En el transcurso de la investigación y preparación de la recientemente concluida serie "Mis Presidentes" en esta revista, me llamó la atención el gran número de asesinatos de personas muy importantes o figuras políticas que han llegado al poder, y que por diversas causas y circunstancias, terminan con su vida, calificándose el hecho como un magnicidio. En el caso de la historia de México, realmente no han sido muchos, pero si seguidos, como fueron los casos de los últimos Tlatoanis en la conquista o de presidentes en el período revolucionario como Venustiano Carranza en 1920 y Álvaro Obregón en 1928.
 
Realmente el término magnicidio se ha usado, no sólo en los casos de Jefes de Estado, sino además cuando sucede a Primeros Ministros, Presidentes de Parlamentos, del Congreso y miembros encumbrados de las monarquías. También se hacen excepciones, y se les aplica el calificativo en casos de dirigentes políticos o religiosos como Jorge Eliécer Gaitán en Colombia, Luis Donaldo Colosio en México o del líder hindú Gandhi.
 
Dentro de los magnicidios más conocidos, podemos transportarnos hasta antes de nuestra era con Jerjes I, rey de Persia, que fue asesinado por su visir Artábano (465 a.e.c); también el muy publicitado por el cine norteamericano en la persona del dictador romano Julio César, o Calígula de la misma región pero en los primeros años de la era moderna. Encontramos además en México y Latinoamérica, sobre los primeros 1500 años, los homicidios del Tlatoani mexica Moctezuma II y Cuauhtémoc, o los de los emperadores incas Atahualpa o Túpac Amaru I. Pero también entre las monarquías europeas los hubo, como los perpetrados a María I de Escocia, Enrique III y IV, reyes de Francia, además de Luis XVI y María Antonieta, estos últimos arrestados y guillotinados por la Revolución Francesa. En los E.U. de Norteamérica tenemos a Abraham Lincoln, James A. Garfield o John F. Kennedy. Podríamos continuar con una larga lista y nacionalidades diversas, y lo más cerca en fechas a la terminación de la Segunda Guerra Mundial, encontraríamos la del dictador italiano Benito Mussolini en 1945, pero no así el nombre de uno de los más nefastos y sanguinarios líderes de la historia, que fundó y quiso perpetuar un Tercer Reich alemán, que dominaría al mundo por lo menos mil años.
 

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