Economía de la Alemania Nazi - Intelecto Hebreo

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02/12/2017
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Economía de la Alemania Nazi

Etapa Electónica 2
 
Economía de la Alemania Nazi
 
Por: Jacobo Contente
 

Cuando uno se entera de los detalles que dieron paso hacia el poder, de uno de los dictadores más nefastos de la historia humana, sorprende sobremanera el cambio palpable económico que tuvo Alemania bajo su régimen; el de pasar en pocos años, de una economía en quiebra, a otra próspera que competía con las más fuertes de Europa.
 
De acuerdo con lo que se ha escrito de este fenómeno, que en gran parte idealizó su liderazgo entre muchos ciudadanos de una nación considerada como culta y con altos valores morales; su base primaria de realización fue la de no tomar en cuenta los medios, sino únicamente los fines, no importando que no se aplicaran las mínimas reglas de una economía sana, enmarcando sus acciones en un programa de 25 puntos que demandaba el partido nazi y que fue puesto en marcha en 1920. Dicho programa -entre otras cosas- consistía en la supresión de todos los ingresos no generados por trabajo; la confiscación implacable de todos los beneficios de guerra; la nacionalización de todos los negocios que se han formado en empresas; la participación de los beneficios en las grandes empresas; el amplio desarrollo de seguros para la vejez; y una reforma agraria adecuada a las necesidades nacionales. El programa del partido nazi no fue aceptado por todos, discutiéndose en varias ocasiones sin ningún resultado en cerca de 33 cambios que proponían varios empresarios, universidades y representantes económicos de importancia. Fue en 1925 que, con la intervención directa de Hitler, se le dio un carácter inviolable para todos, acabando con cualquier discusión, propuesta o malestar.


 
¿Pero realmente que pensaba el dictador sobre el plan económico?...
 
Desde sus principios políticos los asuntos económicos eran relativamente poco importantes. En 1922, Hitler afirmó que «la historia mundial nos enseña que ningún pueblo se ha convertido en grande a través de su economía, factor que tenía una de importancia secundaria». Hitler y los nazis tenían una concepción muy idealista de la historia, la cual sostenía que los acontecimientos humanos son guiados por un pequeño número de individuos excepcionales que siguen un ideal más alto. Creían que todas las preocupaciones económicas, al ser puramente materiales, no merecían su consideración. Hitler incluso llegó a culpar a todos los gobiernos alemanes previos desde Bismarck, por haber «subyugado la nación al materialismo» al incidir más en el desarrollo económico que en la expansión por medio de la guerra. Por ello -el que sería dictador- no mencionó ningún programa económico en su libro “Mein Kampf y en raras ocasiones solo hablaba de paso, como: «el denominado programa del movimiento»; también por estas razones e inexperiencia en el tema, los demás creadores intelectuales del nazismo nunca tuvieron un programa económico claramente definido.

 
Por otra parte -políticamente hablando- en uno de sus discursos, proclamó que «somos socialistas, somos enemigos del actual sistema económico capitalista»; pero fue claro en destacar que su interpretación del socialismo «no tenía nada que ver con el socialismo marxista», ya que «el marxismo está en contra de la propiedad; el verdadero socialismo no lo está». Posteriormente, Hitler dijo «¡Socialismo! Es una palabra por completo desafortunada [...] ¿Qué significa realmente socialismo? Si la gente tiene algo que comer y sus placeres, entonces tienen su socialismo». En privado, Hitler afirmó, que: «insisto absolutamente en proteger la propiedad privada [...] debemos promover la iniciativa privada». En otra ocasión, dijo que el gobierno debía tener el poder para regular el uso de la propiedad privada para el bien de la nación. Creía que la falta de un programa económico preciso era una de las fortalezas del Partido nazi, al sostener que «la característica básica de nuestra teoría económica es que no tenemos ninguna teoría».

Si bien no adoptó una corriente económica específica, Hitler empleó temas antisemitas para atacar los sistemas económicos de otros países, al asociar a los judíos, tanto con el comunismo (bolcheviques judíos) como con el capitalismo, a los cuales se opuso por igual. También pensaba que los individuos dentro de una nación luchan entre sí por la supervivencia y tal competencia despiadada es buena para la salud de la nación, ya que promueve a los «individuos superiores» a las posiciones más altas en la sociedad.
 
Reichsmarks.

 
Es curioso que en el mismo año en que Hitler toma el poder en Alemania, Franklin D. Roosevelt lanza su “New Deal” (Nuevo Trato), para hacer frente a los estragos causados por la Gran Depresión. En el caso de Roosevelt lo pone en marcha hasta 1937, impulsando -al igual que en Alemania- una explosión de desarrollo basada en infraestructuras de todo tipo, como nuevas carreteras, medios de transporte, presas, fraccionamientos, etc. …pero sin promover mayormente la industria militar.

 
Este tipo de economía se convirtió en un elemento crucial para la consolidación del poder nazi. En 1934, el ministro de Economía alemán Hjalmar Schacht desarrolló una política de gasto, especialmente, destinado a obras públicas, como la construcción de autopistas. Asimismo, redujo el déficit presupuestario y luchó contra la inflación por medio de los denominados «bonos Mefo», una circulación monetaria paralela, con los cuales el Estado pagaba a las empresas. Este sistema sirvió para financiar el rearme con solo un millón de Reichsmarks de capital. Marcada por un fuerte intervencionismo, una política de obras públicas y de desarrollo del sector industrial militar, la economía se empezó a recuperar.

 
Para 1938, el desempleo había desaparecido e incluso faltaban trabajadores para cubrir los puestos de trabajo disponibles. A pesar del aparente éxito, el gasto acometido por los nazis fue mayor que el crecimiento económico, por lo que la deuda pública aumentó. Si bien se promovió la autarquía (sistema en que el estado abastece con recursos propios, evitando en lo posible las importaciones), pero Alemania no poseía todas las materias primas que requerían su desarrollo socioeconómico, por lo que mantuvo redes de alianzas económicas. Alemania había logrado salir de su crisis económica y llegó a convertirse en la primera potencia mundial, renunciando al capitalismo internacional que lo había llevado a la hambruna y a una enorme pobreza.

 
Al estallar la Segunda Guerra Mundial y el inicio de una economía de guerra condujo a los nazis a allegarse por cualquier medio -de preferencia amoral, por medio de la fuerza bruta y asesinatos- los recursos económicos y mano de obra esclava, dentro de su territorio y de los países que habían ocupado, surgiendo los inhumanos campos de trabajo y exterminio, que marcaron la historia del siglo XX, como una verdadera vergüenza indeleble para la humanidad.

 
Esas grotescas privaciones y destrucción sembradas por el Nacional Socialismo alemán, no obstante el haber absorbido las estructuras económicas e industriales de los territorios europeos ocupados y la explotación de fuerza de trabajo de los deportados, no sirvieron para un estado “Tercer Reich” que se suponía duraría 1,000 años, dejando nuevamente a Alemania en una situación de colapso, con una hiperinflación, destruida moral y numéricamente, y que pasó de nueva cuenta en 1945, a la dirección y ayuda de las fuerzas de ocupación aliadas.
 
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