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03/11/2017
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D ö n m e s

Etapa Electónica 2
D ö n m e s
Por: Gabriel Katz (Miami, Fla.)
Varios años han pasado desde mi última participación en esta excelente revista mexicana, que sorprendentemente con algunos altibajos, continúan editando un grupo cada vez mayor de probados escritores, bajo la siempre acertada dirección de nuestro amigo Contente; ahora y debido a varios factores, entre ellos mi avanzada edad, mis escritos ya no iniciarán polémicas como antaño, pero si tratarán de algunos aspectos que no todos saben, y que algunos otros ya han olvidado.

Al enterarme de que el actual gobierno de Turquía, ha ofrecido sus servicios como intermediario en el conflicto sirio-israelí, recordé aquel gran escándalo que se dio en el interior de la comunidad judía radicada en el entonces gran Imperio Otomano del siglo XVII, cuyo protagonista Sabbatai Zevi -otro supuesto esperado redentor del pueblo judío- logró que su nombre se inscribiera en la historia, como muchos otros que trataban de redimir al mundo, en base a la idea mesiánica originada en las visiones de los Profetas bíblicos.

No todos los mesías de los judíos han corrido con la misma suerte, en el caso de Zevi, quien se proclamó como tal en 1648, había ganado rápidamente la ayuda financiera de un gran número de simpatizantes entre judíos de Tierra Santa, Europa, África del Norte y las principales poblaciones del imperio, como: Salónica (donde se inició el movimiento), Edirne, Estambul y Esmirna. Ante las constantes quejas que presentaban al Sultán los dirigentes comunitarios judíos, éste decidió darle un ultimátum, entre una conversión al islamismo, o un arresto y muerte en un plazo determinado.

El supuesto y activo mesías optó por lo primero, salvando así su vida, pero al mismo tiempo sus seguidores interpretaron su conversión, como un paso más en el cumplimiento de la profecía mesiánica, por lo que optaron -al igual que él- por la conversión masiva al Islam, aunque con el tiempo se supo que secretamente -hasta nuestros días- han practicado varios ritos judaicos, preservando nombres, prácticas de entierros reservados para sus correligionarios, y además prohibieron a sus miembros la endogamia con la población musulmana.

A la muerte de Sabbatai, el movimiento que originó, lejos de desaparecer, tomó fuerza surgiendo varias ramas, como: la Ismirlí (formado en la ciudad de Izmir, en el Egeo turco), la Jakubi (fundado por Jacob Querido), la Othman Baba (iniciada por Berechia), la Frankista (fundado por Jacob Frank, que se extendió por Europa Oriental en el siglo XVIII) y una quinta, la Lechli (rama polaca que vivió en el exilio en la Grecia moderna y posteriormente pasó de nuevo a Turquía). A los miembros de todas las ramas se les denomina en turco Dönme, que significa cambio o convertido, algo equivalente a lo que muchos conocemos como Criptojudíos, denominación que viene del griego "criptos", que significa oculto, y que se dio a aquellos judíos que habiéndose visto obligados a renegar de su fe, siguieron practicándola en secreto.

A diferencia de los criptojudíos españoles o portugueses, los turcos como se ha dicho, no fueron obligados, sino siguieron los pasos de su mesías, adoptando en sus rituales algunos pasajes de su vida, dejando intactos la mayoría de los provenientes del judaísmo. A través del tiempo, se tiene conocimiento de muchos seguidores Sabbtaistas que formaron parte del movimiento de jóvenes turcos que reformaron el Imperio, convirtiéndolo en la moderna e independiente república, cuyo máximo prócer fue Mustafa Kemal Atatürk, al cual algunas leyendas sin fundamento, le han tratado de dar cierto origen Dönme. Lo cierto es que entre esos jóvenes Dönmes del movimiento independentista (la mayoría con tendencias modernas y laicistas) y hasta nuestros días, han existido y existen muchos intelectuales, profesionistas, artistas, políticos y militares que han ayudado a emerger la actual Turquía, que hoy –como apuntamos- se ofrece como mediador de dos naciones con un añejo conflicto.

         Aunque es un hecho relevante y de éxito, el que sus miembros se han integrado al tejido social y engranaje de la moderna Turquía, por otro lado son también blanco de conspiraciones en su contra; algo similar a los tratos e infundios que el pueblo judío ha tenido en su larga historia diaspórica. Se ha dicho incluso, que el sionismo a través de ellos, es la causa de su presencia en los gobiernos turcos en los últimos 20 años.

         Sin embargo por una parte, las actitudes que presentan la mayoría de los Dönmes, y por la otra, las externadas por las autoridades religiosas judías, confirman todo lo contrario, pues los primeros no tienen interés en volver al judaísmo, y -salvo muy contadas excepciones- los rabinos rechazan la posibilidad de que sean aceptados o reconocidos como judíos, como han sido los casos de los Falashas y algunas comunidades criptojudías de Latinoamérica en el pasado reciente.

No cabe duda que es un caso interesante en el marco de la actualidad, sobre todo que se estima una población aproximada de Dönmes de unas 25 mil almas, pero en definitiva pienso que nadie puede externar ningún juicio al respecto, pues aparte de prematuro, no existen las mínimas condiciones como las mencionadas en el anterior párrafo, o las que tuvieron que solucionarse por excepción, en los casos de algunos emigrantes rusos no judíos a Israel.
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