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13/10/2019
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Cuarenta años de la Revolución Islámica

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Cuarenta años de la Revolución Islámica
Por: León Opalín
 
 
El 11 de febrero de 1979, con la caída de la dinastía del Sha Mohad Reza Phalavi, concluyó la era de la monarquía y se inauguró un régimen teocrático liderado por el Ayatola Ruollah Khomeine que transformó profundamente a Irán y al Medio Oriente con repercusiones en todo el mundo.
El Sha, último representante de una monarquía que rigió durante 2,500 años en territorio persa asumió un reinado y buscó modernizar al país. Expropió campos a terratenientes, privatizó empresas públicas y liberalizó la economía. Asimismo, redujo el peso de la religión en la vida civil, como parte de una estrategia de occidentalización. Entre otras cosas prohibió el uso del velo islámico y habilitó el voto femenino.

Los clérigos chiíes, de mucha ascendencia en Irán, fueron los principales detractores del Sha, entre ellos empezó a sobresalir el Ayatola Ruollah Khomeine, que a pesar de ser expulsado de Irán por sus críticas al monarca, lidereo desde el exilio un movimiento sin precedentes, a la resistencia se sumaron sectores laicos; algunos partidos de izquierda, que cuestionaban las políticas promercado del Sha y su cercanía al Reino Unido y con EUA. También se opusieron grupos liberales que estaban en contra de la persecución política y a la corrupción generalizada, y exigían el establecimiento de una democracia plena.

Todos esos grupos confluyeron detrás de Khomeine pensando que después de la caída de la monarquía se iba a abrir el juego político. Sin embargo, una vez que el Sha escapó de Irán y se consumó la revolución, el ayatolá instauró una teocracia siguiendo los preceptos de la ley islámica, y se proclamó líder supremo.

Previo a la caída del Sha se registraba un “estallido poblacional y las expectativas de la sociedad comenzaron a aumentar”. Los cambios políticos que estaba implementando tuvieron que ser aplazados cuando el precio del petróleo, el principal motor de la economía iraní, cayó súbitamente y el gobierno se quedó sin los recursos necesarios para financiarlos. Por lo demás, había un espíritu favorable a la revolución alentada por estudiantes universitarios que estaban cansados de la monarquía e ingenuamente pensaron que se podía establecer una democracia.

Los ayatolas, las máximas autoridades religiosas del Islam Chií de Irán, cuyo papel principal es fundamentalmente teológico, siempre se involucraron en asuntos políticos; no obstante, nadie tuvo un protagonismo comparable al que ganó Khomeine en los años sesenta, mientras se profundizaban las reformas occidentales de Sha. En 1963 dio un famoso discurso en la Escuela Feyziyeh de Qum en el que atacó directamente al Sha por las medidas que venía tomando y por reprimir brutalmente a un grupo de estudiantes. Poco después fue arrestado y forzado al exilio, lejos de perder relevancia, terminó convirtiéndose en un mito.

En el momento de la revolución la economía iraní registraba una elevada inflación y un crecimiento limitado; la clase media educada clamaba por mejores condiciones y por más libertad. En este sentido, Nader Enlessar, profesor emérito de ciencia política de la Universidad del Sur de Alabama, EUA, considera que los factores económicos prevalecientes en Irán no pueden por si solos, explicar porque se dió la Revolución; inclusive considera que fue accidental, ninguna de las partes, ni siquiera el campo religioso, esperaba que la revuelta pudiera derrocar a la monarquía. Sin embargo, tras varios años de descontento acumulado, el régimen comenzó a tambalear a fines de 1977, tras la misteriosa muerte en Irak de Mustafa Khomeini, hijo mayor del Ayatolá.

El suceso desató una ola de protestas que fue en ascenso durante los meses siguientes, y todas las respuestas del Sha agravaron la crisis. Cuando optó por una mayor apertura, fue aprovechada por sus detractores para organizarse y arrinconarlo. Cuando prefirió la represión salvaje, generó tal indignación que más gente se sumó a las movilizaciones siguientes.

Se considera que el factor más relevante en el repentino colapso de la monarquía fue la parálisis política del Sha y su incapacidad para actuar con decisión en la última parte de su reinado. Aliados occidentales, en particular EUA, querían asegurarse de que el gobierno que lo sucediera no fuera prosoviético, así que empezaron a buscar la mejor alternativa, lo cual le dió a un debilitado Sha más razones para entrar en pánico y permanecer indeciso. Al ver que su caída era inminente abandonó el país para siempre el 16 de enero de 1979. El Ayatolá regresó a Therán el primero de febrero, fue recibido por una multitud pocas veces vista, en lo que “fue el preludio de su coronación”.

La ciudadanía pensaba que el Ayatolá iba a ser un inofensivo símbolo de rectitud, empero, se dió rápidamente cuenta que había sido engañada. Tardó pocas horas en declarar un gobierno provisional que se había establecido, que proyectaba a algo parecido a una democracia liberal. El 5 de febrero proclamó su gobierno revolucionario y el 11 de ese mes se produjo el triunfo definitivo de Khomeini, el principal régimen promotor del terrorismo a nivel mundial.

El 30 y 31 de marzo Khomeini realizó un referéndum en el que la abrumadora mayoría optó por poner fin a la monarquía y fundar una república islámica en la que pasó a ser líder supremo vitalicio de Irán, reservándose la potestad de supervisar todas las leyes y nombrar a funcionarios políticos y judiciales. Además se creó la figura del presidente electo a través del voto popular, aunque no cualquiera podría presentarse a ese cargo. Los candidatos a todos los cargos electivos deberían pasar por el estricto filtro del Consejo de Guardianes de la Constitución, compuesto por expertos en la ley islámica elegidos por el líder supremo y por el Parlamento.

El líder se reserva potestades inusuales y prerrogativas. El y los clérigos subordinados sostienen que es infalible y que no se equivoca nunca, porque recibe la guía y la inspiración del profeta >>>
Mahoma, cualquiera que se opone es considerado enemigo de Dios, y puede ser ejecutado. En los meses siguientes a la revolución, las principales fuerzas opositoras al régimen fueron prohibidas y hubo purgas en las universidades y en los distintos organismos públicos. El velo volvió a ser obligatorio y las minorías religiosas fueron nuevamente marginadas.

Se relegó inmediatamente a las mujeres a ser ciudadanas de segunda y restringieron los derechos de las personas a vestirse, cantar, beber, festejar, escuchar música, o sencillamente pasear a su perro por las calles libremente. El régimen acudió a una brutal represión para contener cualquier descontento.

A 40 años de la revolución iraní, los ayatolas y las entidades que están bajo su control no solo rigen la vida de los iraníes, también está bajo su órbita 50.0% del PIB. Por lo demás, la Guardia Revolucionaria, el brazo armado del régimen, intervino en cada área importante de la economía; junto con los monopolios, clericales, marginando al sector privado.

El deterioro de la economía de Irán en 40 años es evidente, el PIB per cápita en el presente es menor al de 1976; los estratos medios y altos resintieron un impacto mayor, su nivel de vida bajó significativamente al perder sus empleos, más de un millón de iraníes emigro; empero, de acuerdo a Houchang e Chehabi profesor de historia y relaciones internacionales de la Escuela de Estudios Globales Fredericks Pardes de Boston, un efecto demostración de gran trascendencia al mundo musulmán ha sido que un régimen religioso, puede, de hecho, funcionar y que la gente es capaz de derrocar a sus gobierno; claro está que Irán, con una población de 81 millones y con la cuarta reserva de petróleo a nivel mundial y la primera de gas, tiene los recursos para influir sobre sus vecinos y, más allá de estos.

Así, en distintos países de mayorías musulmanas donde han existido grupos pequeños con ideas radicalizadas, que han rechazado la creciente influencia occidental, Irán se convirtió en un ejemplo a seguir. Irán ha emprendido una cruzada para exportar su modelo político y social. Una parte fundamental de ese esfuerzo fue la creación de Hesbollá en 1985, un ejército terrorista en Líbano, que tan útil ha sido para el dictador Bashar al Assad de Siria, para combatir a los rebeldes a su régimen y para desde su territorio y el Líbano convertirse en un dolor de cabeza para las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI).

A 40 años de la Revolución Islámica, Irán, vive desde hace tiempo un tímido, pero persistente levantamiento de la gente marcado por el descontento de los jóvenes, la asfixiante crisis económica que vive el país. A pesar de las restricciones y bloqueos a internet, la juventud iraní ha cambiado su manera de pensar gracias a las nuevas tecnologías. La necesidad de cambios que exigen las nuevas generaciones “ha sido el fuelle que impulsó la reelección del presidente Ruhani”, un personaje no tan radical como los ayatolas. Ahora también el descontento de los jóvenes es porque ven un futuro sin mejoras laborales ni de derechos humanos, sumado a la salida de EUA del acuerdo nuclear, Plan de Acción Comprensiva del 2015, está sirviendo de impulso a los ultranacionales “que ven cómo se ahoga el gobierno de Ruhani”.

Ruhani puso sus esperanzas en el acuerdo nuclear; sin embargo, desde la elección de Trump, el gobierno reformista ha perdido terreno frente a los seguidores de Jamenei y otros líderes de línea dura, que ven en la actual crisis una – guerra cultural – occidental contra Irán.

La situación económica de los iraníes ha empeorado con la salida de EUA del Acuerdo Nuclear y la reimplantación de sanciones económicas de EUA para asfixiar a Therán. La moneda iraní se ha devaluado rápidamente, mientras que la inflación se ha disparado. La confianza del régimen y la sociedad en el líder reformista se erosiona día a día.

Las potencias europeas han adoptado una actitud complaciente con Therán para preservar el Acuerdo Nuclear y resistirse a los esfuerzos de EUA por construir una coalición antiiraní. Se considera que los gobiernos europeos deberían tomar medidas para frenar el programa balístico iraní y evitar el mayor desarrollo de armas ilícitas por parte de Irán. No obstante, en el 40 aniversario de la Revolución Iraní, el presidente Ruhani, prometió continuar el desarrollo de tales armas. “No pediremos permiso para producir ningún tipo de misiles a nadie”. Asimismo, en el marco de la celebración del 40 aniversario de la Revolución Islámica de Irán, un comandante de las Guardias Revolucionarias, Yadolal Yavani, aseguró que Therán arrasará contra Tel Aviv y Haifa en caso de que EUA realizara un ataque en su contra. En respuesta a la amenaza, el primer ministro de Israel, Netanyahu, dijo en un tono áspero, que no ignoraba el peligro de sus palabras, empero, “no tendrá éxito, pero será el último día de la ceremonia que celebren”.

Para las celebraciones de este 40 aniversario de la Revolución de Irán se decretaron fuertes medidas de seguridad por temor a que se produjera algún atentado como el del año pasado en un desfile militar en Ahraz para conmemorar el 30 aniversario del final de la guerra entre Irán e Irak, cuando un grupo mato a tiros a 29 personas e hirieron a decenas.

Después de 40 años de represión en Irán y de una costosa intervención militar en varios países de la región, los iraníes quieren que el gobierno de respuesta a sus necesidades económicas y a sus derechos humanos. Con el tiempo la teocracia iraní tendrá que ceder.
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