Bashevis Singer - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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Bashevis Singer

Etapa Electónica 2
Bashevis Singer
y la literatura infantil
 
Por: Becky Rubinstein E
 
Bashevis Singer, escritor laureado con el premio nobel, autor de obras inolvidables como El Esclavo, Shosha, La familia Moskat entre otras, también escribió para niños. En A day of pleasure, recopilación de cuentos además de una autobiografía, hallamos el capítulo "Are Children the ultimate Literary Critics?", del cual extraemos fragmentos clave sobre su quehacer literario para niños: "Cuando me siento a escribir, me resulta indispensable una historia. A veces, aunque la tenga no me apasiona. Tiene que ser mía, tiene que expresar mi individualidad, mi carácter, mi idiosincrasia.

Para Bashevis los libros malos, que los hay, carecen de alguno de estos ingredientes: carecen de una historia atractiva, de verdadera pasión y de una auténtica conexión con el autor. Porque -agrega- los niños gustan de claridad y lógica... Para Bashevis, amante del folclore, éste juega un papel preponderante en la literatura infantil: "la tragedia de la literatura moderna para adultos es su divorcio del folclore. Muchos escritores modernos han perdido sus raíces. No pertenecen y no desean pertenecer a ningún grupo en especial. Temen se les considere tribales, nacionalistas o chauvinistas.

Sin embargo no existe una literatura exenta de raíces. Nadie puede escribir buena literatura simplemente sobre alguien. En la literatura, como en la vida, se maneja lo específico... El escritor, mientras más arraigado esté en su ambiente, será más ampliamente comprendido por todo el mundo; mientras más apegado esté a sus orígenes, mejor será aceptado entre las naciones.

Y ejemplifica: "Cuando empecé a escribir Zlate la cabra, no sólo pensé en lectores judíos, también pensé en niños no judíos. Describí niños judíos, judíos tontos, novios judíos, novias judías. Sus historias no se sucedieron en el aire sino en pueblecillos y villorrios que conocía bien y donde crecí. Mis santos eran judíos y los demonios eran demonios judíos. Y este libro fue traducido en muchas lenguas.

¿Y de cuál fuente abrevó Bashevis para, ya adulto, escribir también para los pequeños? La raíz de dicha afición proviene de su infancia llena de historias relatadas una y otra vez por su padre, rabino conocedor de mil historias sobre la Biblia, el Talmud y la Cábala o misticismo judíos.

Las historias bíblicas sobre Adán y Eva le fascinaban, así como la del diluvio o la de la Torre de Babel o sobre los Patriarcas. Y para gustar a los niños, se entrevistaba con el público infantil, les relataba cuentos y respondía a sus infinitas preguntas. Y bien que aprendió sobre su naturaleza inquieta y profunda ansiosa de develar los secretos del mundo. Incluso el autor discutió con su público sobre Platón, Leibnitz, Hume, Kant y Schopenhauer.

Alguien diría: ¡Un adelantado en el campo de la Filosofía para niños! En efecto: Bashevis escribió para niños pensantes y un tanto filósofos, como él en su tierna infancia, que enloquecía con sus dudas a su padre, no siempre capacitado a contestar sobre el origen del mundo, sobre la naturaleza de los astros, sobre la esencia del bien y del mal, sobre la vida y la muerte.

¿Y cómo es que Bashevis se involucró en la literatura para niños? El autor, nacido en Radzimir, un pueblo de Polonia y quien, como muchos de su grey, emigró a América en época de la entre guerra, como muchos autores, entre ellos García Márquez, otro glorioso Premio Nobel, publicó sus cuentos en las páginas de periódicos y revistas. Luego escribió Satán en Goray, novela sobre diablos y demonios, primer paso para la fama y la gloria. Y escribió para niños, gracias a la iniciativa de su editora, quien vislumbró en su obra una vertiente fresca, ágil, juguetona, fascinante y vivaz capaz de conquistar al público infantil.

Poco a poco, el autor idish -quien escribió en el idioma de los judíos de Europa Central- creó historias maravillosas mezcla de los clásicos, como Grimm y Perrault, y de los cuentos, relatos, historias, leyendas, fábulas... que había oído contar y que dieron pie a una infinitud de textos perfectamente armonizados, a pesar de sus variopintos y aparentemente disímiles ingredientes, como cuando alegoriza, a la manera de los clásicos, analizados por Propp, temas y personajes judíos, como en el caso de Mazl y Shlimazl, donde la fortuna y el infortunio, luchan entre sí. Asimismo, nos llama la atención Rabí Leib y la bruja Cunegunda, cuento sobre una bruja que desea casar con rabino, y que a pesar de sus argucias demoníacas, es vencido por las milagrosas e infalibles argucias cabalistas.

Y entre los cuentos que más gustan por su invitación a la risa están los de Chelmléase Jelm, pueblo de gente de pocas luces a quienes la vida cotidiana obliga a resolver problemas, y los resuelven a su manera: siempre ridícula -por aquello de la risa- y a sus ojos de inmejorable manera. Un ejemplo: el cuento denominado "Los sabios de Chelm y la llave de Guenendl", quien casó con uno de los tontos del pueblo, alianza, que a pesar de múltiples e infructuosas aventuras, resultó ideal para la protagonista, la sabia Guenendl.

Y entre las historias inolvidables mencionaremos "Cuando Shlemile fue a Varsovia", historia maravillosamente hilarante sobre un despistado de marca, quien un viaje a la ciudad lo orilla a la incertidumbre sobre su propio ser, su esposa, su familia... y al infinito.

Y otra de las historias recomendables es la denominada "El astuto Todie y Lyzer -pronúnciese Leizer- el miserable", misma que rebasa toda lógica y que resulta a la postre una enseñanza de vida. Tan sólo diremos que habla sobre cucharas de plata que se reproducen incomprensiblemente y sobre candelabros que mueren de la misma forma...

Y para los niños y adultos ansiosos de leer su obra infantil -no exclusiva para niños- pueden encontrarla bajo el sello editorial de Alfaguara. Y traducida al español.

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