Antonio Fernández Carvajal.- Comerciante (2 Partes) - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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Antonio Fernández Carvajal.- Comerciante (2 Partes)

Etapa Electónica 2
Antonio Fernández Carvajal.- Comerciante
 
Por: José Brito (Tenerife, España)
 
-Primera de dos partes-
(Aproximación histórica a la importancia de los judeoconversos establecidos en Canarias 
en el reasentamiento de la Comunidad judía en Inglaterra.)


 
La existencia de judíos (1) en las Islas Canarias es, en principio, posible. No obstante, los datos que tenemos al respecto son escasos. De forma cronológica, la primera mención al respecto se sitúa en torno a 1.470 cuando se advierte la presencia de un judío portugués enrolado en un buque que estaba efectuando su aprovisionamiento en el puerto de la isla de Fuerteventura. No hay constancia documental que pueda explicar el porqué se detuvo a este “judío de nación” 22 años antes de que se produjera la expulsión masiva de Sefarad.

Lo que sí es innegable es que varios de los conquistadores de las diferentes islas que conforman el archipiélago eran de origen converso, como es el caso de Pedro de Vera, quien estuvo a la cabeza de las tropas que conquistaron la isla de Tenerife. Incluso, hay historiadores que van más allá en el sentido de recomendar un estudio más detallado relacionado con la influencia de la minoría judeoconversa en la ocupación de la isla. En este sentido, es interesante reseñar que la isla se conquistó entre 1.494/96, años durísimos en lo que respecta a represión inquisitorial, lo que hacía muy previsible, por la lejanía de las islas y la no presencia -aún- del Santo Oficio, la afluencia más o menos masiva de judeoconversos.

Volviendo de nuevo a la cronología, el primer converso del que se tiene constancia escrita en las islas es, paradójicamente, fray Francisco de Moya, obispo del Rubicón entre 1.436 y 1.441, año en que fue cesado en su cargo por Eugenio IV debido a una más que desordenada e irregular existencia. Además, se le imputaba, entre otras sustanciosas acusaciones, el ser converso de judío y estar circuncidado.

La población judeoconversa repartida de forma desigual por las diferentes islas era mayoritariamente andaluza y no solamente por cercanía geográfica sino porque era desde esa región situada en el sur de España desde donde se efectuaba la mayor parte del comercio marítimo -no había de otro tipo- con las islas. Si tenemos en cuenta que el porcentaje de conversos de judío en Andalucía se aproximaba al 8% del total de la población, es fácil adivinar que la presencia y tránsito de judeoconversos por el archipiélago era, cuando menos, frecuente.

Para hablar de Antonio Fernández Carvajal, pieza clave de esta aproximación histórica, debo referirme, necesariamente, a la minoría judeoconversa portuguesa asentada en las islas y a Portugal.

Puestos a hacer comparaciones con la española, la Inquisición portuguesa fue tardíamente creada en 1.537. Sin embargo, no funcionaría a pleno rendimiento hasta 1.547.

El excesivo rigor manifestado por el Santo Oficio portugués fue el principal motivo para que muchos marranos decidieran huir a países del Norte europeo y de la zona del Mediterráneo. De la misma forma, aprovechando la anexión de Portugal a la Corona española, un número considerable de ellos intentará establecerse en recónditos y remotos lugares de la macrogeografía española, siempre lo más lejos posible de la metrópoli, donde su seguridad personal y familiar estuviera mínimamente resguardada. Este es el muy particular caso de Canarias.

La presencia de cristianos nuevos portugueses en el Archipiélago Canario está documentada desde principios del siglo XVI, pero es a partir de principios del XVII, aprovechando los permisos legales concedidos por la Corona, cuando su número y posibilidades económicas aumentan considerablemente, haciéndose patente su presencia en la administración de las rentas reales y, de forma especial, en el rol comercial jugado por las islas en su comercio marítimo internacional.

Los conversos de judío de ascendencia portuguesa asentados en las islas jugaron un papel primordial de intermediario en el tráfico de navíos portugueses -y españoles en menor medida- que se aprovisionaban del altamente estimado vino de las islas para cambiarlo por esclavos en sus colonias portuguesas. No fue, sin embargo, solamente ésta su actividad comercial exclusiva ya que su red de negocios, basada en sus relaciones económicas con paisanos establecidos en la Península, Francia, Inglaterra, Holanda y Hamburgo, les proporcionaban pingües beneficios y la posibilidad de amasar considerables fortunas que les asegurarán una vía de escape en caso de un posible endurecimiento de la política inquisitorial y gubernamental hacia los de su grupo.

Es muy difícil -por no decir imposible- poder indicar, actualmente, el porcentaje total de judeoconversos o de sus descendientes en las islas. Lo que sí es innegable es que su presencia fue notable y seguramente superior al de otras minorías radicadas en el Archipiélago.
 
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