Agnón, - Intelecto Hebreo

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03/11/2017
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Agnón,

Etapa Electónica 2
Agnón,
 
escritor de la diáspora judía
 
 
Por: Becky Rubinstein
 
 
Agnón, reconocido escritor y Premio Nobel 1966 -lo recibió conjuntamente con la poetisa Nellie Sachs- aunque asentado en suelo de Israel, también escribió sobre la diáspora judía, sobre Polonia, la del rey Casimiro el Grande, quien en el siglo XIV, abrió los brazos a los judíos alemanes en tiempos de la Peste Negra. Podría decirse que Polonia representó para el pueblo de Israel un oportuno refugio a sus vicisitudes.
 
Simón Dubnow en su Manual de la historia judía, nos cuenta al respecto: «Monarca tan justiciero no podía maltratar a los hebreos, que desarrollaban en el país el comercio. En el segundo año de su reinado, Casimiro confirmó en Cracovia las leyes de Boleslao relativas a los judíos, extendiendo su vigor en todo el estado polaco. Más tarde agregó a las leyes de Boleslao nuevas disposiciones, tendiendo a fijar las relaciones entre los israelitas y el resto de la población sobre bases de equidad y mutuo provecho.»
 
El respeto por el judío, agrega Dubnow, de acuerdo a cierta leyenda no era más que el resultado del amor que el monarca sentía por una judía Esterke: «lista belleza, hija de un sastre de Opoczno, había cautivado el corazón del rey, y la instaló en su palacio de Cracovia. Tuvo con ella dos hijas, a quiénes la madre dio una instrucción hebraica, y dos hijos, Pelka y Namir, educados como cristianos, y de los cuales descendieron varias familias célebres de Polonia. Esterke, fue asesinada durante las persecuciones que el sucesor de Casimiro, Luis el húngaro (1370-1382) llevó a cabo contra los israelitas».
 
Agnón, novelista, quien vio la luz primera en Buczacz, Ucrania, en 1888, también escribió sobre la diáspora judía, sobre el Shtetl que, centuria tras centuria, se fue conformando con sus propias leyes, su propia dinámica. Su propia esencia.
 
         Como muchos escritores del incipiente Eretz Israel, el dos veces Premio Israel de Literatura, vuelca su mirada a la Europa de sus ancestros invitados por el Gran Casimiro y perseguidos por Luis El húngaro. Como bien se afirma en La literatura hebrea entre las dos guerras mundiales: «Pocos de los escritores habían nacido en Eretz Israel; la mayoría vino de otros países, de otro suelo, en el cual habían echado profundas raíces y con el cual sus lazos habían alcanzado cierta intimidad. No debe extrañar, pues, que no se despojaron inmediatamente de su anterior ambiente, el cual describieron luego en sus obras.»
 
         «Nadie quería una literatura que se limitaría a servir como expresión de una parte del pueblo». Además, se nos dice, el escritor del entonces Eretz Israel de algún modo se sentía responsable de contar y recontar sobre la cultura y tradiciones de los judíos de una diáspora en gran parte aniquilada. Quizá, pensamos, para reivindicarla y no dejarla morir.
 
Agnón rescata al Shtetl en Un huésped se quedó a trasnochar, relato que tiene lugar en una pequeña ciudad de Galicia en Polonia, a la que el autor viaja en época de la entreguerra. «La descripción de la vida en la ciudad, tambaleante aún bajo los golpes de una guerra mundial y sin percatarse del advenimiento de la próxima, es presentada con minucioso realismo y notable fidelidad artística, y el cuadro que así se nos ofrece es verdaderamente sombrío. El Shtetl está en un estado avanzado de decadencia, mientras que las sombras de la muerte están congregándose en torno suyo... El Shtetl en su empobrecimiento espiritual y material, se convierte en un símbolo del destino.»
 
Y hablando de destino, a mi mente viene una historia dramática, también de la pluma del afamado Agnón -Premio Bialik por su novela Hajnasat kalá y Premio Ushiskin por Tmol shilshom- denominada El Nombre. En esta historia el hijo se niega a nombrar a su recién nacido con el del fallecido abuelo. El nombre le parece anticuado, propio del Shtetl, impropio para el mundo moderno y sus ciudadanos. El hijo se rebela y al rebelarse pierde su esencia, su pasado y hasta parte de su destino.
 
Así pues Agnón nos muestra la moneda en sus dos caras: el imposible y doloroso desarraigo frente al indoloro y, al parecer, natural desapego a causa de un fenómeno irremediable llamado modernidad.
 
Y como Agnón muchos, desde Eretz Israel, se ocuparon de sus raíces ancestrales, de la diáspora y del Shtetl. Para muestra se encuentran los cuentos cortos de Devora Barón; Las peripecias de los «Asfaltadores» de Ari Ibn-Zahav y el libro de memorias Del Distrito de la Niñez de Dov Stock, entre otros.

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